Ballet Contémpora, Inc. al concluir sus primeros seis años de labor por la valorización y desarrollo de la Danza en Santiago y su proyección Nacional e Internacional, celebra su “I...
Elpais.- RODRIGO CAVALHEIRO - Madrid - 11/07/2008 El Festival de la Habana baraja vetar la cinta si contiene "ataques" a Castro.- El productor afirma que el filme "no ofende a ...

Un diseño museográfico majestuoso de Alejandro Garay, elocuente a partir de blancos, impresionantes y olímpicos paneles, eleva y conjuga el reconocimiento de una de las manifestaciones populares: el deporte beisbolero, llamado “la pelota” la cual conlleva una cultura local como seña de identidad en el etho colectivo. La exposición titulada ¡Nos Vemos en el Play!, asocia la condición y los caracteres comunicantes de una oratoria plástica dignificante, excepcional, grandilocuente y ultracontemporánea, por no decir transgresora con sus recursos visuales, auditivos, interactivos e instalacionales que revelan una específica “memoriam” nacional.

Desde la entrada el visitante se contagia con el bullicio y los simbolismos. Desde el provocativo título en su muro curvo en ángulo con otro que revela a fanáticos felices y, con ellos sus voces, el vocerío, las cornetas y otros ruidos que hacen sentir al play con la transcurrencia de un avisado juego. La figura de Juan Marichal nos recibe con su inconfundible estilo de lanzador memorable que recordamos sobre todo en Base Ball Legends of All Time. El nos indica la ruta que de repente nos enfrenta a la reiterada pregunta: ¿Cuánto sabes del béisbol?... acto seguido nuevas interrogaciones de un aparato interactivo llamado tribia, cuyo manejo poncha o permita un “home rum” para “fanáticos” de tres niveles: aficionado, de triple A y de grandes ligas. Un muro colateral crea conciencia sobre las complejidades y destrezas del juego con un ideograma lectural y pictórico, con 39 círculos que parecen moverse.

El equilibrio entre la interacción y los recursos educativos crece en subsiguientes módulos. Uno, con un mapa del país dominicano, que se ofrece como un rompecabeza para ser armado y desarmado con piezas fotográficas de beisboleros. Continuamente al mapa una vidriera cúbica con nichos para bates, guantes, pecheras, trochin y otros objetos deportivos. Otro módulo le ofrece al espectador un video juego con pantalla al frente, donde se puede batear con Alex Rodríguez, Adrian Beltré, Vladimir Guerrero y otros peloteros que se pueden descubrir en una adosada víctima con más de un centenar de “cards” o “postalitas” con retratos a color.

Si las interacciones y visualidades afines estimulan a una experiencia sensitiva con el juego de pelota, el guión museográfico nos hace recordar la raíz barrial, muchachera y pueblerina de ese deporte. Una elocuente instalación con una excelente foto mural en blanco y negro nos envuelve en el bateo de una pelota cuya altura permite descubrir una suerte de móvil conformado por tapas de embases plásticos, entre otros objetos a que suelen acudir los niños imaginarios con carencia de los medios adecuados: bate, guantes, pechera, pelota… En esta dirección la literatura acompañante en muros rojos, en corroborativa: “juega a mano pelá”, “El que apara batea”, “El poncheo”, “Echar partido”…, entre otras expresiones de la jerga del mundillo deportivo infantil.

Guión y museografía nos enfrentan con las tipicidades que hace florecer el deporte como el negocio chiripero, o el de importantes animadores de la pelota popular: Héctor, Bullo, Stefani; Max Reynoso, Freddy Toribio, incluyéndose al Guayaberudo, inolvidable bufón del play cibaeño. Al mismo tiempo el hilo conductor reseña con imágenes y textos, el surgimiento histórico de las ligas locales y nacional, desde la fundación del equipo Licey (1907).
El play como espacio físico es reconocido en una instalación con asientos, barras y un campo de juego con telón de fondo para proyectar importantes momentos del torneo invernal dominicano. Concebido con los caracteres pertinentes, su espacio interior incluye muros fotográficos de muchedumbre, fortalecidos por pantallas televisivas planas que proyectan todo tipo de escenas documentadas de celebraciones reales del béisbol profesional.

¡El que gana es el que goza!, enuncia otra instalación secuencial que alude a las fiestas que se producen cuando un equipo determinado se proclama campeón de una temporada beisbolera anual. El volswagen gris con luces intermitentes, con cachivaches como arrastre, e incrustado el vehículo en la junta equinera de dos paredes, resulta convincente y simbólico para la conclusión de una fase narrativa y entrada a la otra, indudablemente más plástica y sobria por adecuarse a una suerte de monumento de los símbolos protagónicos.
Un corto paseo nos enfrenta a tres grandes lámparas con altoparlantes que permiten identificar a tres grandes narradores deportivos cuyas voces independiente se escuchan cuando estamos frente a cada una de sus fotos iluminadas. Son ellos Félix Berroa, Lilín Díaz y Mendy López, ubicada frente a la entrada a un ámbito donde dos obras del artista Freddy Rodríguez, aumentan el carácter significativo de un homenaje: Paving The Way, constituido por 98 ladrillos grabados del 2005, una pieza escultórica de carácter minimal, ensamblada en el piso y que en su simbolismo traduce el camino abierto y allanado por muchos nombres. Una segunda obra tridimensional titulada Juan Marichal Hall of Fame (acrílica/tela 2004), ofrece una adecuación personal al pop art, pero sobre todo al historial de un arquetipo en su camino por las Grandes Ligas. El ámbito de color rojo seco, reconoce a dos pioneros que abren senderos: Osvaldo Vigil y Felipe Rojas Alou, con íconos y experiencias que se escuchan ejemplarmente.

Juan Marichal of Fame, con su círculo (astro sol, pelota o redondo cazabe), iluminado con los datos pertinentes y dominando en un círculo de vaporosas nubes, es obra tránsito al penúltimo ámbito espacioso y rectangular constituido por una galería de 30 peloteros cuya secuencia media una imponente bandera dominicana. Sus pabellones azul y rojo pronuncian los nombres de decenas de beisbolero de diferentes equipos, levantándose también en el ámbito el “altar de los tres grandes”: Juan Marichal, Pedro Martínez y Sammy Sosa, cuyos retratos a medio cuerpo sobre tabernáculos, a la vez tocados por las sombras elocuentes de sus figuras pintadas en proyección desde el muro.
Dos pequeños ámbitos, uno de “fama y honores”, otro de aspectos testimoniales, le otorgan al camino expositivo lo que es humano y memorable sobre quienes se constituyen en embajadores dominicanos de deporte. Las fílmicas y fotografías desglosan aspectos conmovedores en uno y en otro, Los trofeos y objetos similares ofrecen el honor del accionar en diferente escala. El heroísmo deportivo no se pronuncia, pero e hace evidente.

El cierre de asistir al play del Centro León lo constituye el amplio pasillo con los imponentes paneles en blanco retroiluminados. En un punto cerrado y extremo la obra Our Man: Homenage to Sammy Sosa, también de Freddy Rodríguez, instalación de un lirismo aleatorio de medios diferenciados y semejantes, como son el azúcar y el cristal, una referenciando la procedencia nativa, en tanto la otra simbolizando una identidad heróica de nuevo cuño. Las asociaciones concretas se traducen en un bate de vidrio moldeado, colgando direccionalmente sobre un montículo blanco del dulce cristalizado de la caña.
Desde este punto de “Our Man,” un recorrido final por la historia del béisbol nativo, desde sus orígenes nacionales hasta la actualidad, si diésemos una vuelta a los ocho grandes columnatas paneles, donde las informaciones responden a una exhaustiva investigación que no olvida las etapas históricas, los medios publicitarios, las reseñas, pertinentes la intervención gubernativa en una “cronología secuenciada que tampoco olvida a los grandes maestros de la caricatura nacional, Bienvenido Gimbernal y Copito Mendoza”. El primero con una reproducción de doble lectura para ganadores. Empero, si de ganar se trata, el trofeo de “vernos en el play”, como espectadores y colectividad, como latido de un país y cultura social, es de una institución que se esmera en ser un modelo de calidad conforme a la familia fundacional. Por su puesto no olvidamos honrar al soñador de esta muestra y guionista, Rafael Emilio Yunén, e igualmente al curador y museógrafo Pedro José Vega…
“¡Nos vemos en el play!” Beisbol y cultura en la República Dominicana, se suma a las históricas muestras que apuntan hacia la identidad dominicana como redescubrimiento; muestras alojadas en el Centro León de manera permanente o transitoria: “Signos de Identidad” (antropológica), “Génesis y Trayectoria” (artes visuales); “Que no me quiten lo pintao” (sobre merengue); “Caminando con la luz” (fotográfica); “Yoryi Morel Autonomía y Trascendencia” (pictórica) y entre otras “Huella y Memoria”, la sustanciosa exposición que ofreció la mirada de una familia en el camino nacional, permanentemente.
¡Nos vemos en el play!, ¿es una muestra de arte?... Ella violenta, tal vez, los límites que sobre todo los críticos y cronistas de la materia todavía concebimos como tal en el alba del siglo XXI. No hay que saber deporte para entender que el béisbol genera pluralidad artística de movimiento y tiempo. Además provoca temarios e instalaciones resultando globalmente la muestra una gran instalación con respiradero hasta el 11 de mayo del presente 2008. Como bien sugiere don José León Nada mejor para invitarles a re-descubrir nuestra “Patria Beisbolera”.
Por Danilo de los Santos
Aún no hay Comentarios para este post...