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La patria nuestra es el país que emerge históricamente insular, criollo y dominicano después de varios siglos de asentamientos, gestación, localismo y mixtura ininterrumpida. Es el país de la identidad particular que aflora llegado el siglo XVIII, andando las primeras décadas del XIX y cuya definición de mayor trascendencia la postula Juan Pablo Duarte. El nos dice que la Patria es la nación dominicana y no tenerla “es vivir sin honor”, por lo cual debe ser “libre e independiente de toda potencia extranjera”.
De Duarte y los militantes trinitarios deviene la patria republicana, pudiendo sustentarse con Pedro Mir que surge como país Oriundo de la Noche (…) liviano como una ala de murciélago apoyada en la brisa (…) cantando su franja propietaria. Este inusitado canto y vuelo se produce cargado de idealismo y fuero heroico, pese a la adversa acechanza que limitan su liberal alcance y un destino inacabado que convierte la soberanía en un mito que pese a ello siempre se ha buscado desconstruir o superar. Para este alcance positivo se acude al arquetipo nacional, a los valores ejemplares, al civismo moral, a la enseñanza y a la memoria histórica. Autodebatiéndose líricamente al poeta Inchaustegui Cabral se refiere a la Patria localizada precisamente en la amplia bandeja del recuerdo.
La memoria, que es estado de la conciencia retroactiva que permite volver a hechos ocurridos que se almacenan y despiertan el recuerdo, permite asumir la patria en base al idealismo que prosigue al de Duarte; nacionalismo, positivismo y romanticismo confluyen en los importantes intelectuales de los finales del siglo XIX; entre ellos, Federico Henriquez y Carvajal, quien considera la educación como base del fomento patriótico que debe acudir a la imagen cívica del “santo laico” que es el héroe o prócer preclaro. En esta relación el vínculo entre patria, arte e interpretación histórica que sobretodo asocia los nombres de Alejandro Bonilla, Luís Desangles y Abelardo Rodríguez Urdaneta, los tres precursores relevantes de la iconografía histórica.

Bonilla es el autor de primer retrato de Duarte pintado en 1877. En Desangles es significativo sus alegorías del patriota, entre ellas dos versiones del “sueño duartino” del 1892, a los que se añaden otros ejemplos documentales como El Juramento de Presidente Wons y Gil (1903), obra maestra de impecable narrativa escénica a partir de la bandera tricolor. En cuanto a Rodríguez Urdaneta sobresale como escultor que pauta la estaturia de bulto.
El venezolano Julio Portillo es autor de la obra titulada “La Faz de Duarte, Iconografía”, una esplendida antología de la imagen de nuestro maximo fundador de la patria, que además ofrece un repertorio de obras y autores, publicado a principio del siglo XXI. El libro que tiene algunos antecedentes como la Historia Gráfica de la República Dominicana con textos de José Ramón Estrella y dibujos de José Alloza. Se trata de autores españoles del exilio al que podemos añadir al relevante José Vela Zanetti, el más importante muralista en posesión de un realismo monumental y ejecuciones postentosas sobre nuestro acontecer histórico en una narrativa excepcional, por no decir elocuente y única en nuestro patrimonio artístico.

Indudablemente el temario de la historia nacional, ofrece muchos registros de diversos autores durante el siglo XX (Enrique García Godoy, Radhamés Mejía Estevez, Pedro García de Villena, Alberto Bass…). Cuando el culto duartiano es parte de la política gubernativa del presidente Balaguer, durante la década 1970, la estatuaria pública registra el monumento que se localiza en la Autopista Las Américas y cuyo autor es el norteamericano Robert Russin. No obstante, escultores nativos asumen la efigie de Duarte, como Antonio Prats Ventos, José Ramón Rotellini y Joaquín Priego, entre otros.
El culto duartiano que es una razón nacional, posteriormente cuenta con la celebración de un concurso exposición titulado Duarte Visual (1992), iniciativa de un grupo de activistas culturales y artistas, figurando entre los primeros Sócrates Suazo Ruiz, quien emprende otros proyectos: el “Rescate de la Identidad Nacional”, una historia visual que abarca desde los aborígenes hasta el presente. Harold Priego, Cuquito Peña, Candido Bidó, José Sejo, Marianela Jiménez, Remberto Rondon, Vladimir Velásquez, Clinton López y otros, ofrecen interpretaciones libres y modernas, conforme al estilo de cada uno de ellos. La producción en general fue reproducido en ediciones de “carteles” y conllevó la edición de una agenda en el 2006.
Con mucho mayor alcance la Fundación Luces y Sombras, establecida en 1993, surge con el objetivo de apoyar a los artistas plásticos jóvenes e igualmente promover el rescate de la identidad mediante obras visuales y bibliografía pertinente. Fundada por Juan Gilberto Núñez, este proyecto de alcances crecientes se vincula a la Comisión Permanente de Efemerides Patrias, organizándose exposiciones itinerantes con miras a crear conciencia de nuestras luchas independentistas y al mismo tiempo educar cívicamente. A partir de obras pictóricas se reproducen conjuntos al plóter en formatos 120 x 90 pulgadas. Los autores pictóricos integran un selectivo núcleo que incluyen a Henri Santana, Melanio Guzmán, Ramón Sandoval, Rafael Trinidad, Franklin Varet, Rafael Torres y Griselda Guzmán de Mejía, quienes poseen una sólida formación artística.
Los conjuntos pictóricos narran episodios memorables del devenir nacional, resultando elocuente acopio sentimental que puede calificarse de neorromántico. El primer conjunto producido se titula “Por los Senderos de la Patria”, integrado por 30 obras a la que se suman otras cuatro colecciones: “Historia de los Trinitarios” (15 obras), “Trayectoria Revolucionaria de Juan Pablo Duarte” (132 obras), “La Guerra Restauradora” (36 obras) y “Los Restauradores” (18 obras). Se trata de una colección general episódica que se sustenta en diversas fuentes documentales, sobre todo primarias. Todos los conjuntos han respondido a un programa expositivo y en movimiento, celebrado en espacios abiertos y públicos de todo el país. Relevante y comunicativa, visualmente cada colección busca hacer sentir la patria identificable.
Por: Danilo De Los Santos
Fotos: Fuente Externa