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Septiembre 08, 2008
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22.12.07

Una Gioconda para cada quien

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monalisa

El cuadro de la dama sentada en un sillón que posa sus brazos en los apoyos del asiento, dirige la mirada ligeramente a la izquierda y muestra una sonrisa francamente enigmática es la Gioconda, conocida también como la Mona Lisa, Monna Lisa o Madonna Elisa.

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Este pintura hecha por Leonardo Da Vinci entre los años 1503 y 1506, es quizás, el retrato más famoso de la historia ya que, en torno a él, se han tejido diversas historias durante varios siglos, y se han planteado muchas interrogantes sin respuestas que han creado pasiones en muchos investigadores y dejado abierto el debate sobre la significación de esta obra. Teorías como las del origen de la modelo, el sentido de la expresión de su rostro y su sonrisa y el motivo que inspiró al autor, han tenido un gran protagonismo sobre todo durante los siglos XIX y XX.

¿Por qué tanto interés en esta obra del periodo renacentista? Es innegable que este óleo pintado sobre una tabla de álamo, contiene todos los elementos que caracterizan una buena pintura: profundidad en su significado, originalidad y carácter innovador, perfección técnica y estilo personal. Sin embargo, su atractivo va más allá de estos cánones, rebasando los límites de la estética para situarse en la frontera de la imaginación y la fama, esta última, muy explotada por el poder mediático.

monalisa

La obsesión por la Mona Lisa ha sido tan fuerte y extendida que, por ejemplo, el doctor Matsumi Suzuki, presidente del Laboratorio de Acústica de Japón, reconstruyó la forma que probablemente tuvo el cráneo de la Gioconda mediante un análisis óseo, y a partir de dicho cálculo, generó la posible voz de ella. Por otro lado, con el fin de obtener datos relevantes acerca de la expresión de su rostro, en la Universidad de Ámsterdam, Holanda, se le aplicó a la pintura un software especializado en la “medición de emociones”, el cual concluyó que la Mona Lisa está un 83% feliz, un 9% disgustada, un 6% temerosa y un 2% enfadada. Los rasgos tomados en cuenta por este software fueron la curvatura de los labios y las arrugas producidas alrededor de los ojos. Una vez obtenidas las mediciones, estas se compararon con una base de datos de expresiones faciales femeninas, la cual contenía una expresión promedio.

Otro aspecto muy discutido por algunos autores es el de su supuesto embarazo al momento de posar para la realización del cuadro, esto se infiere por la posición de las manos sobre el vientre. Esta teoría se basa en un estudio hecho por un grupo de investigadores quienes utilizaron un escáner con rayos infrarrojos en tres dimensiones y con una resolución diez veces más fina que el cabello humano, a través del cual pudieron percibir ciertos detalles que lo llevaron a la conclusión de que la Gioconda portaba un velo de gasa fina y transparente, enganchado al cuello de la blusa, una prenda que solían llevar las mujeres embarazadas; así como que llevaba un moño en el pelo cubierto por un bonete detrás de la cabeza. Además, en este estudio se precisó que la gioconda tenía un peso de 63 kilos y una estatura de 1.68 metros.

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En la década de los años ochenta, salieron a la luz pública los resultados expuestos por los informáticos Lillian Swartz y Gerald Holzman quienes aseguraron que Leonardo da Vinci se autorretrató, dándose apariencia de mujer. Ellos dirigieron los primeros estudios
superponiendo un autorretrato de Leonardo da Vinci a la pintura de la Gioconda; el resultado fue una gran similitud en las dimensiones y rasgos físicos.

También, tras la aparición del libro El Código da Vinci, se ha manejado la hipótesis de la relación entre la María Magdalena de los tiempos de Jesús de Nazaret y la pintura, aseverando que se trata de María Magdalena embarazada.

Es difícil determinar el tiempo que los habitantes de este planeta han dedicado a escudriñar los detalles de la Gioconda. Sea que se esté frente a una reproducción, o al original, que se encuentra en el famoso Museo del Louvre, cualquier observador ha mirado una y otra vez el célebre retrato, de un ángulo u otro, con la intención de descubrir el misterio que la envuelve. Quizás atrae la manera en como fue pintada: la atmósfera que la rodea, los contornos de la figura difuminados y el juego de luces y sombras que dotan al personaje de
una sensación de relieve y misterio, dando veracidad a lo que Giorgio Vasari dijo sobre la Gioconda que “no parecía estar pintada sino hecha de carne”; o tal vez la vida de su autor, la cual fue llena de inquietudes, de una asombrosa capacidad creadora y de observación y una extraordinaria inteligencia, cualidades que lo han hecho ser admirado y cuyas investigaciones han sido un legado para el desarrollo de la Humanidad.

La visión del arte del Renacimiento fue la perfecta unión de lo humano con lo divino, quizás esta sea la razón por la cual la Gioconda, Mona Lisa, Monna Lisa o Madonna Elisa alborota la naturaleza interior de aquel que la observa, despertando los sentidos y las emociones más diversas, o simplemente produciendo la indiferencia en el espectador, porque la creación no tiene otro significado más que el que nosotros podamos otorgale, muy por encima de la verdad única que nos lleva de manera cíclica por los caminos de la cotidianidad: las horas que pasan, los días que llegan y se van, las estaciones que se repiten, el despertar y el dormir …
La Gioconda se ha afianzado en el tiempo como un icono del estudio de la formación, la transmisión y significación profunda de una figura.

Se puede decir que esta obra pone en evidencia la necesidad que tiene el individuo de reafirmarse a sí mismo, ya sea siendo parte de un suceso importante, que puede dar el prestigio y el reconocimiento tan anhelado por muchos, o bien sea reafirmando sus creencias, o sencillamente dando más claridad a sus pensamientos y por ende a su Ser.

Sea quien sea la Gioconda, vale la pena recordar las palabras de Marcel Brion para quien este cuadro representa “…toda la humanidad y todo lo que sobrevuela la humanidad: una de las expresiones de lo divino en sí, prodigiosamente conmovedora, porque no niega nada de lo que es la carne, pero al mismo tiempo es toda espíritu…”.

* La autora del texto es Encargada de Relaciones Nacionales e Internacionales Del Museo de Arte Moderno de la República Dominicana Licenciada en Publicidad y Egresada de la Escuela Diplomática y Consular de la República Dominicana.

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