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Juan Rodríguez nació en la calle Benito Monción, en el apacible Santiago de los Caballeros de 1936. En esa familiar vida de pueblo comenzó, a los trece años, a descubrir la pasión por la pintura que hoy todavía es capaz de transmitir. Con la misma tranquilidad con que él empezó a sentirla. Tuvo el lujo de tener un maestro que se llamó Yoryi Morel. En su academia, en la Calle del Sol, donde hoy está “El Pez Dorado”, a la que llegó por la relación de amistad y vecindad con los Canela, entró aquel larguirucho adolescente a las aulas de un temperamental artista. Ya en la escuela primara era el encargado de hacer los mapas y dibujar los órganos del cuerpo humano y los esqueletos para la clase de Ciencias Naturales. En aquellas clases, las de Yoryi, se encontraba entre otros con Hilario Rodríguez o con Jacinto Domínguez. A este último profesa verdadera admiración. No había antecedentes artísticos en su familia, aunque “por parte de mi mamá, que era Perozzo, -explica el artista- había uno que pintaba. Denisio Perozzo, no Dionisio. Ese señor tenía gran destreza para pintar, para la música, era muy inteligente… Trujillo mató a todos los Perozzo, incluyendo a Denicio.”
FC. Sé que usted aprendió en la academia de Yoryi Morel ¿Era Yoryi un buen profesor?
JR. Yoryi como profesor decía “nosotros los pintores somos locos, queremos meternos de todo en la cabeza y eso nos pone locos”, y se ponía a tocar el violín, porque también era músico. Si no tenías destreza para ser pintor, te lo decía “tú tal vez comas con eso, pero no vas a pasar de ahí”
FC. ¿Y cómo recibe un muchacho una crítica tan despiadada?
JR. Eso es lo que quiero explicar, que él era una persona muy temperamental. Yo creo que se expresaba de esa forma para que uno se empeñara en hacer las cosas mejor. El no te decía, “vete”, pero tampoco te halagaba si no veía en ti un talento.
FC. ¿Cuáles otros profesores recuerda?
JR. Guillo Pérez, que estaba emparentado con Yoryi por los Taváres y Negro Disla, al que reencontré hace poco, en el Centro León, y que vive ahora cerca de la capital. Negro era como un hijo para Yoryi.
FC. ¿Admite en sus cuadros la influencia de Yoryi?
JR. Yo era un discípulo y un fanático de Yoryi Morel. Por eso yo me inclino tanto al paisaje, a esa luz para lograr balancear la luz de la sombra. Yoryi fue el Claude Monet del Caribe, excepcional y lo más grande que yo conozco. Claro que admito y agradezco su influencia en mí.

FC. Es fácil deducir que usted consideraría a Yoryi como el Pintor Nacional.
JR. ¡Claro que sí! Yoryi pintó, elevó y dio a conocer, a quien no las conociera, las costumbres dominicanas y yo como cibaeño, me siento representado en la pintura de Yoryi. Con respecto a los homenajes que se han hecho a Yoryi Morel este año… si alguien me los va a hacer un día, que me los hagan en vida. Después de muerto no hacen mucho favor… ¿usted me entiende?
FC. ¿Se puede vivir de la pintura?
JR. Yo nunca pensé en eso cuando empecé a aprender, cuando estaba en la Academia, que se pudiera vivir de la pintura. Uno pinta sin pensar en el dinero, porque el que pinta pensando en el dinero es un comerciante de la pintura. Ahora yo como de eso, sí… pero cuando estoy pintando es como cuando una mujer pare un hijo. Yo no pienso en el dinero cuando empiezo un cuadro. De hecho, la que se encarga de cobrar es la esposa mía… Tuvimos que hacerlo así, porque yo decía a cualquier amigo o cliente “¿te gusta? Llévatelo y me lo pagas después.” Para un pintor es así de importante que alguien aprecie su obra. Tengo un cliente, para mi el mejor cirujano de todos estos contornos, que me dijo una vez, “Juan, incluyéndome a mí, estás dando los cuadros muy baratos.”
FC. Pero cuando usted trabaja por encargo, tiene que dejar su inspiración quizás un poco de lado para satisfacer al cliente, ¿no?
JR. Sí, claro. Y ocurre una cosa. El cliente te dice el tema que quiere, pero es importante que respete al artista. Siempre se encuentra uno con gente ignorante que viene a decirle a uno “esto está mal, esto es así…” Le aseguro que el que le dijera eso a Yoryi “bueno lo mandaba ya sabe usted a dónde.” Usted se me va de aquí ahora mismo¨ era lo menos que oía el atrevido.

FC. ¿Quién puede, no ya corregir, pero por lo menos aconsejar a un pintor?
JR. Una cosa que mencionaba mucho Yoryi en sus enseñanzas es que uno debe ver las obras de los grandes maestros. Observar las obras de los maestros, que por algo se les llama así. Porque todavía enseñan. Usted aprende, no copie, no; pero si usted está haciendo una sombra mal balanceada y usted ve cómo resuelve los problemas un gran maestro, usted aprende y aprende. No se debe cansar uno de mirar pintura buena, de Maestros.
FC. ¿Cómo definiría su estilo?
JR. Yo soy un costumbrista y el tipo de pintura que yo practico es el de un impresionista, que es el artista que no traza la figura sino que la elabora a base de sombra y luz.
FC. Compone entonces a partir del juego de sombras.
JR. La sombra es el relieve de las obras. Con la sombra se destacan todas las figuras, el cuadro sale del lienzo gracias a las sombras bien concebidas, bien resueltas. Ese es mi juego de manejo, y lo aprendí de Yoryi, que decía que yo tenía mucho talento para eso.
FC. ¿De qué color son las sombras?
JR. Tienen mucho de cobalto y se matizan con el azul cobalto, y con un poco de magenta queda el resultado un poco moraduco… Son medio moradas, pero a veces se ven más azules que moradas.
FC. Depende de la luz…
JR. Sí, por ejemplo en nuestras costas hay ocho azules, y a veces esos azules se ven amarillentos.
FC. Se reconoce pintor costumbrista, pero de una época o de unas costumbres, o de un campo que ya está desapareciendo…
JR. Sí, ya aparecen muchas casas de block. Pero todavía quedan escenas de ese campo y no las voy a perder… Quizá es verdad, quizá esté recogiendo las últimas costumbres que nosotros reconocemos como las que nos definen. Sí, yo creo que son las últimas. Ya las marchantas no aparecen por la puerta, porque se casan de una vez o las engaña alguien o se van de viaje al extranjero. Y ya son como media feas…
FC. La cultura del tabaco es parte medular de la vida cibaeña, ¿no?
JR. Es nuestro oro negro. En esos campos se muere el viejo, y deja una cantidad buena de tierra y no se pelean, se la reparten bien los hijos, se hacen su casita cada uno… forma nuestra sociedad, es parte de nuestra forma de entender la vida. Hay pintores que tienen una línea de trabajo en la que a lo mejor no cuadra bien el tema del tabaco. Como yo fui dirigido, aupado por un hombre al que eso era precisamente lo que le gustaba, yo he seguido esa línea temática con mucho agrado. Y quizás tenga la facilidad para que me salga algo.
FC. ¿Qué características pictóricas tiene el tema que se puedan destacar?
JR. Algo que llama mucho la atención es la riqueza de la gama de colores. Cuando me llamaron de Estados Unidos para pintar allá, me dijeron que fuera con la misma paleta de colores que tengo aquí. Y me ocupo siempre de que tengan luz, mucha luz.
FC. Algunos pintores encuentran a alguien que cree en su obra y los impulsan, ya sea con elogios o con financiamiento, que es muy buen elogio, ¿Le ha sucedido a usted?
JR. Hay una persona, que es pariente mío, que considero que todo lo que yo soy ahora se lo debo a él. Es quien confió en mí, me ayudó, me propulsó, Hendrik Kelner, y también Manolo Quesada, al que conocía de muchachos pero que es a través de Henki que nos hicimos amigos. Me han ayudado cantidad. Manolo es un hombre muy bondadoso, de corazón noble, como su esposa Sandra, que nacieron para eso. Siempre se ha recordado de mi, al igual que Henki.
FC. ¿Cuándo da por terminado un cuadro?
JR. Mientras está a aquí, en mi taller, está en continua evolución. Yo nunca lo termino, siempre veo una cosita, un retoque. Se termina cuando se lo llevan. Hay cuadros que yo veo, y también las personas que saben de pintura lo saben, que se terminan porque están bien, se ven bien terminados. Pero mientras estén en mi taller o en mi casa, siempre le voy dando su retoquecito, es una especie de manía que tengo.
FC: Muchas gracias de parte de Mirada al Arte.
JR: Gracias a ustedes por venir hasta aquí a hablar con un pintor de pueblo.
Materiales.
Óleos que trae personalmente de Estados Unidos. Tela, “yo me hago la mía, una lonilla especial. Preparándola yo me sale mejor”.
Rutina.
“Me levanto a las cuatro o cuatro y media. Sin ruido, como el que escribe y se busca un sitio tranquilo, así empiezo a pintar en mi taller. Eso sí, a las 8 de la noche ya estoy trasnochado.
Temas
Conocido por sus paisajes y escenas campesinas, ha trabajado con enorme éxito el tema de los campos de tabaco. Además, como costumbrista, ha trabajado los temas de las marchantas, procesiones de Semana Santa, y las peleas de gallos.
Exposiciones
En 1982 participa en una primera exposición colectiva. A partir de ahí ha expuesto en individuales en Santo Domingo, Santiago y Estados Unidos.
Texto y Foto por Fernando Casanova