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La publicación monográfica sobre Yoryi Morel es una fuente documental que justo llega en la celebración centenaria del nacimiento de este gran maestro que ofrece en su historia personal incontables atributos0humanos y artísticos.
Entre ellos la precoz disposición que manifiesta sobre el dibujo y la música, contagiado por un ambiente hogareño donde la lectura y la pintura eran asuntos cotidianos en la familia. Además la convencida espiritualidad artística que en él crece inequívocamente y respecto de la cual fue imposible toda oposición. También su abierta y sorprendente mentalidad para la interpretación moderna de la escritura visual y las traducciones de la tierra adentro, la dominicana, como ningún otro recreador nacional lo hiciera precedentemente. Reconociendo que históricamente Yoryi Morel es cabeza del arte dominicano moderno, Él sustituye la visión idealista, narrativa y romántica de anteriores artistas.
La suya, es visualidad más real de lo isleño o local, con sus traducciones sentidas de la luz y sus efectos cromáticos en un repertorio interpretativo volcado con amplitud y variación en el múltiple soporte, resultando un creador hijo de Dios, del Cibao y de los nuevos tiempos. Estos tiempos que marcaban una paulatina transformación en el cambio de las estructuras de la sociedad dominicana y al que se inserta la nueva literatura nacional desde el Postumismo, igualmente con la música, la pintura y Yoryi Morel como el más trascendente entre los artistas de su época, veteranos y nuevos.
Es precisamente el reconocimiento a este recreador, hijo de la ciudad de Yaque, lo que hace patente esta publicación monográfica que, aparte de sumar un punto de vista a los análisis, opiniones y ponderaciones que se conocen desde 1932, es una monografía que tiene el respaldo de un auspiciador que aprovecha más de una circunstancia para llenar un vacío bibliográfico.
Libro monográfico que es el primero sobre la vida y la obra de Yoryi Morel, el pulso analítico y escritural fluye de un reconocido y laureado escritor: José Enrique García, a quien el auspiciador Juan José Ceballos encarga un ensayo, estudio o texto que ofrece la elevación que el maestro merece. A carta cabal, con independencia interpretativa, rigor investigativo y dominio literario, el escritor cumple una misión que es misión a su vez de John Padovani, el artista peruano que forma parte de nuestra historia y cubre los aspectos del diseño y la coordinación bibliográfica.
Misión es encomienda y obra que una persona asume como obligación afectiva contribuyente o moral. Esta última acción se la reconocemos a Juan José Ceballos, quien desde hace buen tiempo asumió la pasión del arte como auspiciador, coleccionista y galerista, manifestando especial interés hacia el maestro pintor, del que fue vecino y trató como todo lugareño de la barriada. Años después del fallecimiento de Yoryi, el auspicia la “Colectiva de pintores de Santiago 86” enmarcada en la celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, que tienen como sede a la “ciudad corazón”. El eje de la colectiva es una selección de pinturas yoryianas, adquiridas con la buena codicia, de atesorar con fervor y celo.
Paulatinamente el fervor de Ceballos hacia el pintor, crece con la adquisición de materiales de la memorabilidad (álbumes, diarios, objetos íntimos) además de singulares cuadros, que incluye la primera obra que el realizara (El taller del ebanista, 1922) hasta retratos de la familia Morel: de los padres, de los hermanos pintores -Apolinar y “Quico”- y de la esposa. La entrada a la colección de un espléndido autorretrato de los años 1940, de fondo rojizo, anima a Ceballos a organizar otras muestras, entre ellas: ''Yoryi Morel recreador delirante", con la sumatoria de "4 artistas en homenaje” que asocia a Roberto Flores, Antonio Guadalupe, “Luichy” Martínez Richiez y José Perdomo, en una gran exposición montada en el Museo de Arte Moderno (Santo Domingo) y el Palacio Consistorial de Santiago, en 1997.

Los recursos documentales del archivo que posee Ceballos, adquiridos legalmente, permiten que la monografía ofrezca un selectivo material de ilustraciones. A partir del difundido dibujo La dicha (1995), el taller del patio hogareño donde el infante Yoryi comenzó a dar rienda suelta a su imaginación, produciendo la revista “Wagner” (1924), cuyas páginas inéditas para el gran público, son reproducidas en la página 90. Desde la portada con elocuente diseño geométrico e ilustraciones, hasta los contenidos de las restantes hojas, este documento es una revelación con el sumario, el texto sobre el “Buque Fantasma”, el dibujo del perfil de Ricardo Wagner, las caricaturas, el cómic “El perro y las moscas” y varios paisajes, entre ellos la fechada de una iglesia citadina que parece ser la Catedral Santiago Apóstol.
Además de reproducir seis páginas de la revista yoryiana, la monografía incluye caricaturas extraídas de publicaciones periodísticas, textos que corresponden a un diario memoria de puño y letra e igualmente crónicas de las muchas que provocó el pintor cuando comenzó su proyección expositiva manejando la tinta (caricaturas de prensa) y los pinceles que le permitieron la aclamada nuestra personal del Club Nosotras (1932). Amarillentado por el tiempo, estos papeles documentales dan cuenta de la revista “Navidad”, editada por Yoryi y sus hermanos Apolinar y Esteban; revista desconocida y abundante en colaboraciones de autores que alcanzan dimensión nacional, como en los casos de Ercilia Pepín, Juan Isidro Jiménez Grullón, Juan Francisco García, Ramón Emilio Jiménez, y Julio Vega Batlle, entre otros.
Entre la selección documental la fotografía y la obra pictórica. Un conjunto de tomas de diferentes momentos ofrecen las edades del pintor, desde su época de violinista juvenil hasta la etapa de la ceguera parcial, incluyéndose fotos de momentos de gran felicidad, donde aparece en romance con Ilonka Szabó y risueño abrazando a su hija Ilonkita, en edad infantil. La familia está presente en el libro en una selección de retratos pictóricos que complementan otros, e igualmente paisajes e interpretaciones populares. Aunque incluye obras de diferentes colecciones, la mayoría procede del fondo familiar Ceballos Estrella.
Volviendo al ensayo de José Enriquez García, la escritura limpia y lineal es propia de un autor maduro que acude a las fuentes documentales, para hilar con cierta secuencia la trayectoria del pintor, además contextualizada en el devenir histórico nacional y a la luz de la historia de la pintura europea de trascendencia. Carente de anecdotario, el autor ofrece referencias de diversos escritores para sostener personales reflexiones sobre el arte y especialmente para sustentar “una visión asentada” en lo personal doblemente: como intelectual y analista de “un pintor en una ciudad pequeña”; analista sobre todo de la escritura visual dibujística y cromática, igualmente de sus versiones personales de los lenguajes. Un pintor sobre el que comienza estableciendo: ante los cuadros de Yoryi Morel leemos los textos literarios fundacionales dominicanos del siglo XX. Nos introducen en el mundo poético de Domingo Moreno Jimenes (1891-1986) y los otros postumistas, en el del vedrinista Otilio Vigil Díaz (1882-1964), en el de Tomás Hernández Franco (1904-1952}, Manuel del Cabral (1907-2002), Héctor lncháustegui Cabral (1912-1979), Pedro Mir (1913-2003) en el mundo de los poetas sorprendidos, Franklin Mieses Burgos (1907-1976) Freddy Gatón Arce (1920. 1994). Nos introduce en la narrativa de Juan Bosch (1909-200) y en la naturaleza, en los tipos humanos, en las formas de vida, en el lenguaje, en las creencias y, sobre todo, en el mundo espiritual que ellas crean y reflejan. Así, todo reunido en una sola cuestión: la búsqueda de una expresión plástica que siendo en sí misma, nos represente como pueblo. Diálogo y espejo. La obra de Yoryi Morel, sin que fuese esencialmente la razón última, primera fundamental, responde a una organización visual de lo que somos y aspiramos a ser como país.
Partidario de una honrosa celebración centenaria de Yoryi Morel, columna de la modernidad del arte dominicano, sentimos que no fueron cabalmente cumplidos el programa que se diseñó para todo un año que culminaría en octubre del presente 2007. No obstante aludimos por significativa la muestra antológica del Centro León (octubre 2006), extendida al Museo de Arte Moderno (abril 2007); igualmente la publicación del estudio monográfico, escrito por el poeta y ensayista José Enrique García y auspiciado por el Centro de Arte Ceballos–Estrella; a lo que se suma la erección del retrato escultórico del maestro, producido por la Fundación de Luces y Sombras, y el cual fue desvelado en una de las plazoletas del Monumento de los Héroes de la Restauración, al igual que la de otros grandes personajes santiaguenses (agosto 1977). A estos pocos hechos trascendidos añadimos un año de escritura sostenida en Mirada al Arte.
Texto y fotos por Danilo de los Santos
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