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Octubre 06, 2008
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Miradas
12.09.07

Mirada a la 24 bienal nacional desde el adentro periférico

Miradas  
“Copernico y las estrellas”.
“Copernico y las estrellas”.

Se podría escribir una sustanciosa historia de la bienal oficial de las artes, cuyo primer registro data de 1942. Para entonces era denominada “Exposición Nacional” siendo luego de “Bellas Artes”, de “Artes Plásticas” hasta que finalmente es llamada de “Artes visuales”, definiciones que varían en alcances y contenido, conforme al contexto de las diferentes etapas históricas en que son celebradas.

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Marcada inicialmente por registros continuos de ocho celebraciones (1942-1958), acontece después con saltos discontinuos en un largo periodo (1961-1900), en el cual son celebradas seis bienales, hasta que recupera el calendario de los dos años con cierto sostenimiento (1990-2007). Sin reglamentación, las primeras fueron eventos de adquisición, básicamente de obras bidimensionales que prontamente añaden la tridimensional. La pintura, el dibujo y la escultura eran las únicas categorías, salvo el caso excepcional de la bienal de 1946 que incluyó el grabado.
Las tres primeras categorías reinaron hasta que acontecen cambios incidentes. El primero de naturaleza política lo establece la llegada al poder del perredeísmo que sustituye las instancias balagueristas, entre ellas las del oficialismo cultural. El segundo es la solicitud del restablecimiento de la bienal asumida por el sector de los artistas que al ocurrir, cambia de dirección y sede, ya que deja de ser el evento organizado por Bellas Artes, convirtiéndose en atribución de la gerencia de la Galería de Arte Moderno, actualmente el MAM. A este hecho se asocia el tercero que se vincula a la bienal en sí misma, analizada por los sectores de las artes que demandan la inclusión de nuevas categorías competitivas, entre ellas, la fotografía, el grabado y la “categoría libre”. Esta última se abre a la cerámica al audiovisual, a la fílmica (cortometrajes y videos), al arte ambiente y de objetos, e igualmente a la arquitectura. Posteriormente incluye el perfomance (década 1990).

“Me mi y conmigo”.
“Me mi y conmigo”.

Cuestionamientos, debates y forcejeos se producen en torno a la reformulación de la bienal nacional, que felizmente se ensancha en una realidad más democrática, inevitablemente contaminada, con mayores dislocamientos en el ambiguo y desproporcionado cuerpo social; empero realidad con auténticas y esenciales señales de identidad. Esto último aflora, marca y se evidencia en el discurso colectivo y selectivo que conforma la 24 Bienal de Artes Visuales, dedicado a Soucy de Pellerano, una de las diferenciadas y grandes artistas mujeres dominicanas. El discurso de esta bienal ofrece señales que fluctúan entre el revival de las vanguardias modernas y el nuevo arte transgresor de entre siglos (XX-XXI), realmente incalificable aún considerándose “contemporáneo” o propio de una era que algunos llaman la “del punto com”.

“Memoria Signica”.
“Memoria Signica”.

En principio, el revival y la transgresión cohabitan en la muestra colectiva que define esta bienal, cuya primera impresión le permitió expresar a Orlando Brito que la calidad y el nivel de la misma ofrece la posibilidad de una selección de 30 obras que bien puede exhibirse en cualquier gran museo del mundo. Este juicio fue emitido por el citado crítico español al inicio de las jornadas del Jurado de Premiación, además integrado por la venezolana Bélgica Rodríguez y por tres dominicanos: Mariano Hernández, Geo Ripley y el suscripto. Todos fuimos receptores de la curaduría a cargo del Jurado de Selección que evaluó alrededor de 577 obras, escogiendo 114 de ellas, y que permitieron un aireado montaje museográfico en las tres primeras plantas del MAM. Esta selección curatorial fue la materia que enfrentamos, quienes tuvimos la tarea de deliberar, escoger y testificar los nueve galardones, entre ellos el “gran premio”.
Situándome en el adentro periférico del evento, me convierto en portavoz sin mandato para ofrecer la versión de lo acontecido, primero como trabajo evaluativo de reiterados intercambios de quienes actuamos como jueces en un clima institucional rodeado de atenciones y garantías logísticas ofrecidas por el atento equipo de la dirección del MAM. Clima programático que nos permitió ejercer la libre apreciación personal y compartida en continuos recorridos por las salas expositivas.

“A raiz de que”.
“A raiz de que”.

También en jornadas de intercambios de opiniones, donde no faltó un programa de entrevistas con medios periodísticos, e incluso el método con censurador y el tiempo libre para reflexionar sobre las postulaciones de los premios. El método consistió en la tarea de cada jurado de seleccionar 15 candidatos a ser premiados con una escala descendente a partir de 15 puntos para el primer candidato, 14 para el segundo y sucesivamente.

Cuando cada uno de los cinco jurados formuló el listado de las 15 obras en condiciones de ser premiadas, el balance fue coincidente en un gran porcentaje e igualmente diferenciado, lo cual arrojó una postulación de una veintena de autores: Raúl Morilla, Ricardo Piantini, Elvin Díaz, Miguelina Rivera, Juan Mayí, Miguel Ramírez, José Pión, Angel Urelli, Guiseppe Riggió, Pragmi Marichal, Limber Vilorio, Julio Valdez, Raúl Recio, Nelson Batista, Radhamés Mejía, Ángel Villalona, Rosalba Hernández, Félix Sepúlveda…
No fue difícil la tarea de los premios debido a la acumulación de los puntos de cada candidato y a la juiciosa ponderación del grupo nominado para seleccionar del mismo el gran premio también consensuado grupalmente. Este fue presentado en la reunión en la cual el Jurado de Selección ofreció sus nominaciones de manera individual. El resultado fue el máximo galardón de la bienal avalado por los presidentes del Gran Jurado: Bélgica Rodríguez y Abil Peralta Agüero.

“Baissa II”.
“Baissa II”.

El desglose de la selección artística que el jurado de premiación evaluó fue el siguiente: 35 pinturas, 21 dibujos; 19 fotografías, 16 instalaciones; 12 gráficas; 5 videos y/o multimedia; 3 esculturas; 2 acciones performáticas y 1 cerámica. Este conjunto que suma el total de 114 obras resultó evaluado con la “flexibilidad que liberó los premios por categorías y simplemente se otorgaron galardones, aunque el resultado corresponde a una categorización casi completa que no fue deseada, sino resultado coincidente. En este sentido testificó que los renglones artísticos fluyeron por el impacto, la calidad y el contenido de las obras que resultaron finalmente reconocidas: una pintura de Juan Mayi, titulada Serie Memoria Sígnica, de hechura neoabstracta y consecuente con su notable creador; un dibujo de Ángel Urelly: Enlatados de aguas territoriales (El colmado), un ensamble manejado con collages y medios mixtos de refrescante versión “pop”. Una fotografía de Ricardo Piantini: Dolphi 1-2-3, impecable secuencia tríptica que eleva la imagen hermosa de una víctima social; una escultura: ¿A raíz de qué?, que ofrece el sostenido discurso tridimensional de Miguelina Rivera, de audaz poética y ruptura.

Dos acciones performáticas que el jurado presenció en gala pertinente y demandada: Tiempo y sonido – Ruido y tiempo (1) y Urbano (2) de José Pión, convencieron por el gran sentido de comunicación aliando diversos medios y un equipo grupal que incluye al autor.

“Rito de la cabeza”.
“Rito de la cabeza”.

Tres instalaciones completan los galardones: Copérnico y las estrellas de Miguel Ramírez, quien emplea materiales diversos, sobre todo muebles de madera y bombillas que conjugan una obra de excelente nivel y múltiple lectura; Baisa II de Guiseppe Riggio, el jovencísimo santiaguense que cautiva con su poética basada en material vegetal y pobre; Me, mi y conmigo, video instalación de Raúl Morilla, artista de pasos ascendentes y sostenidos en el atrevimiento con excelente calidad que manifiestan sus obras refrescante en la transgresión conjugada de los medios.
Con esta rápida mirada a los artistas y obras premiadas, recuerdo como conclusión que además todo autor seleccionado en el catálogo del evento, es también un premiado, y que aquellos que no pasaron la prueba de la curaduría fueron sencillamente no admitidos, que no es igual a “rechazo”, aunque este despectivo término sea injustamente de uso regular. En otra relación recordar que los galardones trillan un camino de estímulo profesional, empero no consagran ya que la trascendencia del artista es su vida dedicada con conciencia desprendida al arte que, como el amor duele y satisface cuando se siente a corazón abierto, en carne propia.

Por: Danilo de los Santos | Fotos: Fuente externa

Comentarios:

Comentario de: wali vidal [Visitante] Email
Porque, no se menciona memento mori.
Permalink 18.09.07 @ 10:44

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