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En la ciudad de Santo Domingo, se inaugura el próximo día 20 de agosto, la 24a Bienal nacional de Artes Visuales, con 114 obras seleccionadas, de un total de 577, que fueron sometidas a concurso. Apenas el 19,75%, pasó el cedazo del jurado de selección compuesto por: Haydée Venegas, Amelia Soto, Ángela García, Abil Peralta Agüero y Delia Blanco. Es posible que sea esa la cantidad más baja de obras seleccionadas en toda la historia de la bienal, y ante tal situación cabe preguntarse, y es necesario que se aclare, si las restantes obras sometidas no reunían las condiciones, o no estaban de acuerdo con los gustos o criterios del jurado seleccionador.
Sin duda que la fiebre por el arte contemporáneo desatada, ya bien sea por influencia de los críticos, o no, está surtiendo efectos no sólo en estos escenarios, en los que cada vez se actúa con mayor rigurosidad o fanatismo tal vez; sino que también llega a las galerías de arte tradicionales.
Obras que difícilmente encuentren mercado, seguramente, ya que los mismos autores no tienen referencias para su comercialización. Un arte experimental, que básicamente lo que quedará de él será su documentación. Un fenómeno preocupante, puesto que ya inicia a lesionar la participación de los artistas en los concursos y al propio mercado del arte, que comienza a desconcertase. Una fiebre, que comienza a producir el efecto de la moda, y galeristas de reputada trayectoria ceden para no ser tildados de no estar a la vanguardia del arte.
Ese arte contemporáneo, vacío, prácticamente una mimesis en todo su contexto, parece que viene a recrear el fenómeno de la incertidumbre que cíclicamente se produce en el arte, con la diferencia de que estas propuestas son efímeras, y condenadas tarde o temprano a oscuros rincones de los museos, como expresara una vez Fernando Casanova en su artículo que cuestionaba la premiación del Concurso de Arte E. León Jimenes.
Sin embargo, nuestra posición jamás será tan drástica en contra de esta corriente, ya que la historia siempre se ha encargado de colocar en su justo lugar fenómenos de esta naturaleza. Monet, Pissarro, Sisley, Renoir, Cézanne, Degàs, Morisot, entre otros; cuando en 1874 celebraron su primera exposición en el salón de los rechazados –ya que lo habían sido de los salones tradicionales por la crítica de entonces– y catalogados de impresionistas como burla de un periodista de la época; son hoy considerados grandes maestros y los precursores de la ruptura, el arte moderno y las vanguardias. Pero tampoco quiero que se piense, que con esto afirmo que este arte será de tanta transcendencia como lo fue el impresionismo, o ¡el fin del arte quizás!... ya el tiempo de encargará de ello.
Pero es en Santo Domingo –donde se establecieron los primeros artistas del Nuevo Mundo y que fue la puerta de entrada del arte occidental a América, desde donde salieron las primeras expediciones destinadas a poblar el continente americano– donde están ocurriendo estas cosas a más de quinientos años después de su descubrimiento, donde sus actores no han sabido aprovechar esta coyuntura histórica que le facilita la promoción de su arte, y están como “papanatas” embelezados en una ficción, y llenos de desconcierto, que no saben a ciencia cierta por donde encontrar la salida.
No vamos a mencionar nuevamente lo poco o nada que hace el sector oficial en este sentido –no funciona– de una buena vez olvidémonos de eso, y enfoquémonos en lo que ocurre en el resto conjunto, que son los que, de una forma u otra, han sido los verdaderos protagonistas del desarrollo las artes visuales en el país.

Cuando vemos a los artistas, acusados por un galerista de cerrar sus puertas por la deslealtad con que éstos se desenvuelven y no dicen nada al respecto; y al Presidente del Colegio de artistas, promoviendo en el espacio del mismo colegio que él preside sus exposiciones personales, junto a las de otros colegas, en vez de jóvenes artistas que todavía no tienen espacio; un Colegio que hasta ahora ha resultado ser inoperante, y que está esperanzado en las transformaciones que anunciara su nuevo Presidente al momento de su juramentación, en el entendido que puede lograrlas ya que está comprometido y que pertenece a la misma clase política en el gobierno actual, pero todavía se encuentra en el mismo punto donde lo encontró, nos pone a pensar en crisis.
Cuando vemos un “galerismo” que sigue a la zaga, y que no da visos de progreso, con pocos galeristas haciendo el trabajo como debe ser, con poca comunicación con los artistas y los coleccionistas, sin los contactos adecuados con el mundo académico, de la prensa, de los críticos, ni en los museos y sin un aparato financiero que le permita hacerle frente a lo que demandan esos galeristas hoy día. Las nuevas galerías con las mismas propuestas, teniendo que recurrir al uso de enmarcado plástico –por que la función estética del marco ya no tiene sentido para ellos– a los que les faltan las herramientas de los tiempos modernos, aglutinados en una asociación que no tiene sentido, sin propuestas y sin horizontes, nos pone a pensar en crisis.
Cuando vemos una asociación de galerías, de críticos de arte y un colegio de artistas que son las mejores plataformas, sin la voluntad para diseñar una estrategia común, un plan de acción a diez años, sin fuerzas ni determinación para incidir en esos concursos de arte que se realizan en toda la geografía. Dejando ver además, que ninguna de las instituciones tiene claro su papel, y que necesitan reenfocarse, definir sus pasos y el accionar que le permitan al arte enrumbarse a conquistar los mercados internacionales, también nos pone a pensar en crisis.
Cuando vemos que las bienales hoy se han convertido en “la casa del terror” de los jóvenes artistas, que esperanzados mandan sus trabajos; y de los maestros que dejan de enviarlos por temor a ser rechazados y cuestionados por jurados –verdugos– que realmente decepcionan con sus decisiones, nos preocupa y nos plantea una crisis real en el arte de Santo Domingo.
El Santo Domingo de hoy, que tiene buenos artistas, mucho más que cualquiera otra nación, por kilómetros cuadrados, y por ley de vida, todos tienen que competir entre si, lo que se hace necesario hoy para abrir nuevos horizontes. Ahora bien, si hay crisis o no, tampoco hay nada que temer; nada nuevo ocurre, también ha ocurrido en otras épocas, y está ocurriendo en otros países. El arte ha sobrevivido a través de los siglos, y quienes han tenido mayor visión han pasado a la historia como los más importantes y como los protagonistas de su época. Hay que recurrir a la educación, a la unidad de los sectores, a pertenecer a la sociedad de la información, a exigir sus derechos y el respeto que todo ente social tiene por merecido. Los que estén dispuestos afrontar las adversidades sobrevivirán.
Paciencia para los artistas jóvenes, tolerancia para los maestros consagrados, sabiduría para los críticos de arte, prudencia para los galeristas, confianza para los coleccionistas y sentido común para todos. Es posible que al doblar de la esquina, o en los próximos cincuenta años, este arte, esta nueva coyuntura sea lo que marque una nueva ruptura, o la evolución a una nueva tendencia, o estilo que pueda imponerse en todas la manifestaciones del arte, pero ahora no nos quedemos cruzados de brazos.
¿Hay crisis en el arte en Santo Domingo? Quizás si…quizás no.
Por Esteban Antolín | Fotos: Mirada al arte