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La exposición “Madre África” presentada desde el mes de julio hasta septiembre, en el Museo del Hombre Dominicano, significa un gran acontecimiento filosófico y visual para el país. Se trata, de presenciar una colectiva de esculturas procedentes de la inmensa diversidad cultural del continente africano.
Las esculturas pertenecen a la gran diversidad cultural africana y a los diversos grupos étnicos que la conforman.
Esta exposición es una extraordinaria oportunidad para nutrir nuestro conocimiento hacia a una ampliación y precisión con África, en el sentido geográfico, histórico, antropológico, artístico y humano.
El continente africano significa una infinidad de territorios enriquecidos en abundancia por sus culturas particulares, que se manifiestan en expresiones artísticas cuya maestría se destaca como elemento principal en el genio de la estatuaria. Estamos frente a maestros mayores del arte de tallar, en maderas preciosas, nobles, de resonancia espiritual.
Cada una de estas piezas esculpidas en diversas maderas permite captar en ellas un gesto, una postura, un ademán o un movimiento que caracteriza la maternidad como elemento visual y plástico.

Las situaciones visuales difieren, dependiendo del papel o función de la madre, cada momento de la relación madre-hijo define una gesto que significa un movimiento, un trazo, un surco para el artista.
Una pieza “sukuma” larga y minimalista por su sobriedad formal evoca un movimiento de la vida cotidiana, una relación totalmente práctica y funcional de la madre, vehículo de movimiento del hijo que apenas sabe caminar. El niño se agarra de la espalda de su madre como si ésta fuera un tronco, sólido y direccional cómo el mástil de un velero.
La pieza es alargada, el cuerpo erguido lo que transmite con eficiencia la imagen de las madres caminantes de Tanzania.
En otra escultura de los “Yombé” de la República Democrática del Congo, la madre está sentada en posición solemne con su hijo pegado de su vientre dormitando y el conjunto de la obra, es una energía circular en forma de espiral que refuerza la metáfora del círculo de vida madre e hijo. Esa distribución del movimiento de cuerpo a cuerpo con el cordón umbilical externado, lleva a nuestro entender un mensaje universal de fina y profunda connotación socioemocional, de valor universal y contemporáneo. La madre es indiscutiblemente un valor central de las sociedades africanas.
La exposición nos evidencia su valor de portadora de vidas en el embarazo, símbolo de la fertilidad y de su integración dentro del entorno animal y vegetal, es decir parte integrada a los elementos existenciales en relación a la Tierra , madre del universo.

Esto lo podemos observar en muchas piezas cuyas mujeres extienden sus cuerpos en formas de objetos imprescindibles a la alimentación y a la productividad pues encontramos madres cargadas de vasijas contenedoras del agua , de la vida, en formas geométricas donde las formas ovales de los senos erectos se sobreponen a las piernas de la mujer cuyos muslos se identifican con los del hijo, que también conforma una simetría sobrepuesta a los senos y finalmente rompe en la extensión circular de los brazos.
La genialidad de esta exposición consiste en tener anudados en una sola pieza el valor simbólico de cada una de ellas y su función social, todo esto encontrado gracias al talento de los artistas y maestros africanos, talladores, indagadores de formas y expresión, surcando la verdad de la vida, muchos anónimos, sencillamente entregados al amor de la Tierra madre, de la madre Tierra , de la madre vida… aquí recordaremos un dicho antiguo del continente de la Reina de Saba: “Si quieres conocer la diferencia entre el bien y el mal antes de hacer algo, piensa en tu madre”… por ello cada pieza es también tabernáculo de parábola y sabiduría.
Todos los estudios antropológicos y etnológicos confirman el poder persistente de la madre en todo el continente, con múltiples capas de significados que van desde el núcleo familiar al núcleo espiritual y humano.

Más allá del significado moral y religioso, el valor de estas maternidades ofrecidas hoy al público dominicano, gracias a la generosidad de Reynold Kerr, coleccionista apasionado de toda una vida por África, esta exposición nos brinda un espacio extraordinario de conocimiento y de reflexión. Consideramos un acontecimiento único y magnífico, disfrutarla en el país, en la que intervino el duende de Geo Ripley, quien convenció a Reynold Kerr de traer a Santo Domingo la colección que con paciente y apasionado esmero ha logrado.
Tener “Madre África” en el Museo del Hombre Dominicano, emociona, pues indiscutiblemente llama la imaginación reunir la cultura taína y africana en un espacio que brinda honores al hombre y a la mujer de la isla.
La gran variedad de la muestra nos edifica sobre la extensión de la diversidad cultural dentro del continente africano, pero también, dentro del concierto de la civilización universal.
El recorrido nos lleva a Malí, encontrando estatuas de la etnia “Bamana”. En ellas podemos ver mujeres sentadas con un niño cargado por la espalda y en otros casos, llevados de lado por una joven madre en avanzado embarazo. Son figuras que se asocian al concepto de fertilidad, símbolo significativo en todo el continente africano.
Otra de las piezas “Bamana” representa a una mujer sentada con prominentes senos dirigidos hacia el recién nacido que se acurruca en las palmas de la mano de la madre… El rostro de la mujer parece estar bajo el llamado de la eternidad y su mirada lejana la convierte en una máscara femenina cuyo cuerpo se entrega a la criatura recién nacida.
Otra madre de la etnia “Mbala, de la República de Congo, mantiene a su hijo entre sus piernas, en una postura recogida de feto. De esa misma etnia, en otra pieza aparece un niño posicionado entre las piernas de la madre, alcanzando la mama de ésta, que le alimenta. En el otro brazo, la mujer mantiene un recipiente para guardar algunas medicinas. Es obvio, que en estas figuras tenemos referencias minimalistas: la relación madre-hijo, la madre “Mabana”, parece mecer a su criatura en sus primeros momentos de vida y sus brazos arqueados mantienen al niño en perfecta comunión, en el sosiego de los brazos.

El conjunto de las piezas revela una gran maestría en el tallado de las maderas preciosas. El volumen se logra con grandes aciertos realistas como la expresión de la madre que mantiene en sus brazos su niño fallecido. Sus ojos expresan el lamento y el dolor, y su boca se mantiene en gesto de asombro. El realismo logrado por el artista de la etnia “Yombé” nos llega de tal manera que sentimos en el rostro de esta mujer, el dolor de todas las madres de África, de Asia o de Latinoamérica, frente a la pérdida de un recién nacido.
Lo impactante en esta exposición es su intensa humanidad. Una humanidad que nos viene del gran continente africano, y que nos enlaza con la tierra en su totalidad.
Evolucionando y contemplando obra tras obra, confirmamos, una vez más, que la humanidad es única y que sean de dónde sean nuestros orígenes, nuestras lenguas, nuestras culturas, siempre el ser humano se identifica con la vida.
El Museo del Hombre Dominicano, hoy se hace más grande para la comunidad pues gracias a esta exposición completa científicamente la riqueza de la composición de la dominicanidad.
En el aspecto artistico e intelectual, tenemos una posibilidad única y exclusiva de encontrar en Madre África una relación intensas del arte con la vida .
Creemos también que es una invitación para todos los investigadores nacionales en Ciencias sociales, en Arte , en Historia de profundizar las reflexiones y el conocimiento con el continente africano y romper con sueños e idealizaciones que muchas veces desplazan la realidad esta exposición es fundamental por el viaje de cercanía que nos ofrece con la civilización africana, que a través de estas madres la sentimos muy cerca de muchos de nuestros valores humanos y también de nuestras planteamientos estéticos y éticos.
Felicitamos el conjunto de las autoridades dominicanas que hacen posible este evento y sentimos que es una ventana con la sociedad civil.
Madre África es una exhibición que llama aun gran coloquio sobre el arte y la vida…
Por Delia Blanco | Fotos: Mirada al arte y fuente externa
La autora es Doctora en Letras-Antropóloga
Crítica de Arte y Curadora independiente
Miembro de la AICA.