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Hace pocos días el mundo del arte celebró el centenario de una vida prolífica en la pintura, fue el pasado 7 de julio cuando se cumplieron 100 años del natalicio en Coyoacán, México, de Magdalena Carmen Frida Kahlo Calderón, una figura prominente de la historia de las artes plásticas del siglo XX en Latinoamérica.
Frida fue la figura central de sus cuantiosos cuadros, sus autorretratos con rostro duro y retorcido, son los más famosos.
De la vida de Frida, son muy conocidos los amores, pasiones y sentimientos encontrados; pero tal vez pocos se detengan a admirar su obra, a recorrer un trabajo meritorio que estuvo marcado por sucesos trágicos. Frida fue perseverante, pese a sus problemas de salud, se dedicó por entero al arte, y a amar sin límites al gran muralista mexicano Diego Rivera, con quien estuvo casada desde el año 1929, hasta su muerte.

Frida obtuvo diversos premios y reconocimientos de las instituciones culturales de su país. Viajó por varias ciudades de Estados Unidos y Europa; en el año 1939 llegó a París donde realizó una exposición exitosa, allí conoció a un grupo de pintores surrealistas, de los que tomó importantes experiencias. De regreso a su México querido continuó pintando sin descansar.

Ella fue la figura central de sus cuantiosos cuadros, sus autorretratos con rostro duro y retorcido, son los más famosos, piezas de esmerado tratamiento que revelan su gran talento. En muchas de sus obras, se pintó en medio de situaciones y momentos cruciales de su vida, utilizando símbolos y textos sublimes que son característicos en sus pinturas, en las que además, con frecuencia aparecen elementos del arte precolombino, el folclore, la flora y la fauna de México, manipulados y envueltos en luces y sombras que acentúan cada escena con dominio absoluto de la pincelada.

Su incursión en el tratamiento de elementos fantásticos, claramente reflexivos, unido a la libre utilización del espacio pictórico y la relación de objetos incompatibles, realzaron el impacto de su obra en el entorno nacional e internacional, lo que ha permitido que se le relacione con el movimiento surrealista.

Su diario, fiel compañero de la pintora, es el documento más valioso para comprender su vida y obra; en él están esbozados los detalles más importantes de su tortuoso paso por la tierra, en él refleja detalles de su obra, que en esencia es una afirmación de la identidad mexicana.
Frida murió el 13 de julio de 1954, rodeada de personas queridas, que junto a Diego le dieron el último adiós. Su figura se convirtió en leyenda, sus obras han quedado para la posteridad en manos de coleccionistas privados, y en varios Museos como el Frida Kahlo inaugurado en 1958 en la “casa azul” de Coyoacán, el Dolores Olmedo Patiño, y el Museo de Arte Moderno de México, entre otros.

El recuerdo de Frida, y el legado de su obra, estarán por siempre en el panorama del arte de este continente, felicidades a Frida, la artista, la mujer, la mexicana que dio todo al arte de pintar.
Por Isabel Serrano Fuentes | Fotos: fuente externa
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