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Daniel Spoeri y Jacques Villeglé, exponen en las galerías nacionales, del Gran Palais, de la avenida de los Campos Elíseos, a dos pasos de Los Inválidos y de la Plaza de la Concordia.
Estos dos artistas de la corriente “nouveau realisme” son los testimonios plásticos y visuales de un movimiento que a partir del 27 de octubre de 1960 cuestiona tanto el abstraccionismo como el pop art americano.
Los artistas de esta tendencia: Arman, Tinguely, Rayss, Niki de Saint Phalle, César, se caracterizan por sus fuertes personalidades, con reacciones y opciones incontrolables.
Los excesos de la sociedad de consumo de los años 60, les lleva a saturar sus obras de productos de recuperación industrial y urbana sin tenerle miedo a las proporciones que estos excesos podían lograr.
El escultor César, después de andar varios meses por los vertederos de máquinas, camiones y carros abandonados sacaba una obra monumental de carros comprimidos, cuyas chapas trituradas unas encima de otras componen su obra “El cementerio de carros”, propiedad actual de la Fundación Cartier.
La comprensión es el mecanismo técnico que César pone al servicio de su obra, como un capataz-maquinista. Ha sido una fuerza de la naturaleza, un temperamento que peleaba con su misma sombra. En diversos programas y entrevistas, el escultor manifestó su satisfacción, su gozo y sentimiento de revancha al vencer el objeto.

Decía que, al comprimir un automóvil, vivía un gran momento de placer que le daba la ilusión de dominar la invasión de los deshechos industriales. Sus intervenciones públicas fueron históricas en los suburbios parisinos y en los astilleros de Marsei.
Con los “nouveaux realistes”, triunfó “el objeto” como producto industrial de consumo y también como “objeto plástico”.
Estamos ante una generación de artistas actuantes que escenifican el arte para expresar su rabia, su indignación, su cólera.
Arman, trituró con golpes de hachas, pianos de cola, violines de Stravinsky, como una manera de destruir el valor especulativo de los objetos y como él mismo expresaba…”hacer de la creación un acto de destrucción y anulación del tiempo”….
Los “nuevos realistas” tenían el sentido del espectáculo; creían en la puesta en escena de sus sentimientos, siendo así creadores y objetos de arte. De Francia, surgió el Manifiesto y alcanzó características específicas en su corriente alemana, a través de artistas como Wolf, Vostele y otros.
Fueron libres en sus actos, empujados por la poética anarquista, sin reparos. El movimiento pop art americano les observaba con la tentación de atraerlos. Se resistieron, los nuevos realistas franceses no tenían cálculo de carrera en el movimiento y mucho menos un mercado del arte que los sustentara o apoyara. Fue un momento corto, espontáneo, que solo dependía del ánimo de cada uno de ellos.
Abrieron muchas ventanas de libertad y muchos aspectos del artista actuante convirtiendo su obra en espectáculo; fue retomado diez años después en el arte conceptual precisamente en los performances.
El público puede apreciar a casi 50 años de distancia, toda la materia técnica y estética que el nuevo realismo ofreció a las siguientes generaciones, pues se observan todavía sus huellas profundas en el arte.
El “nuevo realismo” consiste en retomar las consecuencias de la realidad, con una mirada visual que la regenere; para entenderlo, las pinturas murales callejeras de Villeglé son autenticas joyas de esta tendencia.
El artista, persigue las trazas de todos los carteles pegados en las paredes de la ciudad, le interesa el devenir de esas gráficas, enfrentadas al viento, a la lluvia, pero también, al vencimiento de su fecha que significa el momento en que serán arrancadas para dejar espacio y tiempo al próximo afiche.
El resultado de las diferentes capas arrancadas es lo que Villéglé convierte en obra.
Esos cuadros, murales ocasionales de los años 60-70, pertenecen hoy a grandes colecciones privadas, en el presente, expuestos en las Galerías del Gran Palais de París, permiten reconsiderar un movimiento exclusivamente francés, integrador de artistas italianos y germanos que participaron en el gran cuestionamiento visual de la realidad y de la cotidianidad.
Daniel Spoerri, parte del objeto electrodoméstico: cuchillos, tenedores, platos, mesas y sillas, y las convierte en elementos de una gran composición. Sus obras fueron grandes performances, otras efímeras, que se han mantenido en espacios y límites, que en el presente pertenecen al Museo de Arte Moderno de Paris.
La obra de Spoerri se inscribe en la revolución de las imágenes que se inició en Estados Unidos de Norteamérica con el “pop art”, pero que en Europa y particularmente en Francia giró hacia un lenguaje de mayor poética y con un discurso perteneciente a la totalidad de la sociedad.
El nuevo realismo, buscó una dualidad de acción en la que el artista visual es actor y a la vez ejecutante de la obra. Esos aires también soplaron en los “plateaux de la nouvelle vague”. Es una actitud con el arte que define la dualidad de papeles, el artista está dentro y fuera de la obra, como el mismo Godard, quien dirigía y actuaba en sus películas.

El movimiento no duró, apenas nació y se dividió. Todos decidieron llevar solos su camino. César, siguió su carrera de escultor de recuperación industrial, participando en las grandes colecciones del arte público de los años 70-80, dejando en Paris esculturas monumentales en Las Tullerías, y en diferentes parques de la ciudad, como su famosa escultura de Pegaso, caballo monumental alado que se ha convertido en un punto de cita y encuentro en la plazoleta que divide la rue du Cherche Midi, y la rue du Dragon, en el Barrio Latino de París.
Arman, después de un éxito exclusivo en los años 70, se afianzó en Estados Unidos, que sedujo hasta el último aliento de su carrera.
Nikki de Saint Phalle y Tinguély, optaron por una obra de sutil movimiento que atrae un discurso de construcción mecánica más que de reconstrucción o destrucción…
Los móviles, las fuentes en movimiento, son elementos activos e interactivos con el medioambiente en estos dos artistas.
Es interesante, después de las dos grandes exposiciones parisinas del “pop art” y del surrealismo, volver a las aventuras del nuevo realismo.
Se encuentra en esta última tendencia la posibilidad de repensar el arte en su espacio público y urbano.
La relación del artista con su obra en el marco de los vectores urbanos y medioambientales, son aspectos muy actuales, en este sentido los “nouveaux realistes” han sido visionarios de los planteamientos del arte en las sociedades industriales.
Las apariciones públicas de Arman destruyendo objetos de valor millonario escandalizó en su momento. Para este artista, se trataba de relativizar el arte como objeto, y a la vez cuestionar su sentido mismo, en una sociedad completamente invadida por la obsesión de productividad y el consumismo.
Hoy día, el planteamiento continuo vigente, pero el tiempo demuestra que por encima de todos los factores económicos y sociales se sigue haciendo arte, se siguen produciendo obras mayores, prueba de que el arte es el resultado de una dimensión humana que está por encima de las conyucturas materiales de la sociedad.
Por: Delia Blanco
Doctora en Letras-Antropóloga
Crítica de Arte y Curadora independiente
Miembro de la AICA.
Fotos: Fuente externa
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