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Los proyectos de arte público en Santo Domingo con el tiempo se convierten en proyectos de arte efímero, debido a que una vez inaugurados son abandonados a su propia suerte sin designar quien quede a cargo de su conservación, por lo que en pocos años los efectos del tiempo, la intemperie y hasta los actos vandálicos hacen estragos que culminan con la desaparición de estas obras de arte que inicialmente contribuyeron a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos de Santo Domingo
Y es que la costumbre ha sido que estas iniciativas, en un principio novedosa y atractiva, sólo contemplan las etapas de diseño y realización –no así su conservación– de manera que desde el principio están condenadas a la ruina y el olvido. Más aún, muchos de estos proyectos han sido concebidos y financiados por diversas instancias gubernamentales, municipales y privadas, cada una de las cuales, luego de inaugurar los proyectos de arte público consideran terminada su responsabilidad con los mismos, quedando la obra de arte abandonada y sin cuidados que garanticen su preservación. Esta circunstancia hace que hayamos perdido obras murales de muchos maestros dominicanos, entre ellos Paul Giudicelli y Eligio Pichardo, así como que una gran cantidad de obras escultóricas se encuentren hoy en altos niveles de deterioro.

A pesar de la ausencia de una cultura de conservación, se siguen realizando inversiones cuantiosas en proyectos de arte público. Así, a partir de los años noventa se han desarrollado varios proyectos de arte público en la ciudad de Santo Domingo, todos de triste final. El caso más dramático y vergonzoso es el de los silos del maestro venezolano Carlos Cruz Diez, figura trascendente del arte cinético internacional, cuya obra animó la ciudad desde la margen oriental del río Ozama durante varios lustros. El proyecto, que incluyó exposición en el MAM y visita de Cruz Diez a Santo Domingo, también involucró en su realización a muchos artistas y estudiantes de arte dominicanos y constituyó un hito en nuestra historia cultural. Sin embargo, ninguna institución se hizo responsable de su conservación y a medida que el sol, la lluvia y la contaminación se hacían cargo de la obra, ningún organismo relacionado con las artes alzó la voz en señal de alerta. El Museo de Arte Moderno (MAM), el Colegio Dominicano de Artistas Plásticos (CODAP), la Asociación Dominicana de Críticos de Arte (ADCA/AICA) y los principales promotores callaron ante este delito cultural.
Igual destino parecen tener las obras del desaparecido Silvano Lora quien realizó, entre otros, tres trabajos murales de gran importancia. El polémico mural de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, cuya restauración ha sido anunciada; el trabajo de la Casa de la Juventud, hoy cubierto por vegetación y el trabajo del inmenso tanque de agua de la CAASD en Arroyo Hondo. Todas estas obras se podrían restaurar y cumplir un doble objetivo, recuperar la memoria del arte público de un gran artista dominicano y contribuir positivamente a saneamiento visual de los entornos en los que se encuentran estos trabajos.

El color de la vida
A principios de la década de los noventa Freddy Ginebra gestionó “El color de la vida”, primer gran proyecto de arte público auspiciado por el sector privado, en este caso, Pinturas Popular. Se realizaron murales en Santo Domingo, Santiago, La Vega y Jarabacoa, generando gran entusiasmo entre artistas y colectividades participantes.
En Santo Domingo se realizaron, entre otros, los siguientes murales: Teté Marella en la calle Palo Hincado esquina El Conde, frente al Parque Independencia. Soucy de Pellerano en UNAPEC, campus central. Elsa Núñez en INTEC. Silvano Lora en la actual Casa de la Juventud, Jacinto de la Concha casi esquina Av. México. Ángel Haché en UTESA en la José Contreras esquina Máximo Gómez. Geo Ripley en el MAM, Plaza de la Cultura. De todos, hoy sobreviven estos dos juntos.

Posteriormente el proyecto asumió también pintar el Obelisco de Santo Domingo en una operación conjunta entre Pinturas Popular, Codetel y el Ayuntamiento de Santo Domingo. Aquí han participado pintores como Cándido Bidó, Elsa Núñez, Amaya Salazar y Jorge Severino y de antemano se consideró que sus trabajos serían efímeros. Independientemente de la calidad de las obras realizadas en el Obelisco, de manera particular siempre hemos considerado que la integridad de los monumentos debe ser preservada en su imagen original, sin intervención alguna y que el Obelisco de Santo Domingo lo que requiere es de conservación, en tanto que monumento y que se le respete como tal. Además, sería conveniente que se empiece a contemplar otro lugar para el adorno navideño del Malecón que cada diciembre interviene de manera indecorosa el monumento.

Freddy Ginebra nos ha informado que Pinturas Popular va a retomar este proyecto en Puerto Plata, con la intervención de unos enormes tanques del Malecón que serán inaugurados próximamente. Ojalá y esta vez se contemple un acuerdo donde los artistas y los propietarios de los tanques se comprometan a la conservación de estos trabajos artísticos.

El bulevar de la 27 de Febrero
El controversial proyecto del bulevar de la 27 de Febrero incluyó la colocación de murales cerámicos y esculturas monumentales. El escultor Bismarck Victoria y el crítico de arte Amable López Meléndez fueron los curadores de un proyecto que, si bien tuvo la virtud de haber sido el primer proyecto gubernamental de un conjunto de esculturas monumentales realizadas por artistas dominicanos, no es menos cierto que desde su inauguración recibió duras críticas por considerarse que el espacio destinado para las obras no era el adecuado.
Hoy, el bulevar inaugurado en 1998 luce descuidado y las esculturas presentan los estragos de casi diez años sin mantenimiento profesional alguno. Sería lamentable y sin sentido que un conjunto de obras de gran calidad artística, realizadas por Luichy Martínez Richiez, Soucy de Pellerano, Bismarck Victoria, Johnny Bonnelly, Said Musa y Joaquín Mordán Ciprian continúen deteriorándose ante la negligencia de las instancias competentes.

Y aunque el traslado a un espacio que garantice mejor su disfrute y conservación por sí solo no es la solución, tal vez el cercano paseo de la Winston Churchill pudiera ser la alternativa que proporcione la posibilidad de su puesta en valor y conservación, en una acción conjunta donde participen como socios benefactores las entidades financieras y comerciales del área. Sería dar continuidad al proyecto original en una acción que hasta podría ser fortalecida con otros trabajos de igual calidad y magnitud. Tendría la ciudad de Santo Domingo un jardín de esculturas de mucha dignidad y que se convertiría en nuevo atractivo para residentes y visitantes de la urbe.
La avenida Las Américas
En un proyecto dirigido por la Secretaría de Estado de Obras Públicas, desde el 2003, el trayecto hacia el Aeropuerto Internacional de Las Américas cuenta con un parador en el que se incluyeron varias obras de arte, entre ellas mural de Cándido Bidó, escultura de Luis Muñoz, un trabajo de Raúl Recio y escultura monumental de Johnny Bonnelly. Los tres primeros trabajos se encuentran todavía en buen estado de conservación, mientras que la pieza de Bonnelly ya ha sido objeto de actos vandálicos de parte de los “busca metales”.
El paseo de las avenidas Anacaona y José Contreras
En el 2005, el Ayuntamiento de Santo Domingo concibió una propuesta de arte público con murales colocados a todo lo largo del tramo comprendido entre la Av. José Contreras –al sur– y el denominado Paseo de la Salud –al norte–. Organizado por Verónica Sención, el proyecto utilizó como soporte de las pinturas los números-esculturas que marcan las distancias en esas vías, en una intervención que desvirtúa el carácter de los números y viola la integridad del diseño original del paseo.
Veinte artistas fueron convocados para la realización de las pinturas y unas han resultado con mejor suerte que otras. A menos de dos años de inaugurado, las obras empiezan a deteriorarse y si no se toman las medidas adecuadas, en pocos años seguirán la suerte de otros proyectos similares.
En la José Contreras se encuentran trabajos de Marianela Jiménez, Julio Susana, Bernardo Then, Tiburcio, Marco Lluberes, Elvis Avilés. Las bases de los soportes están muy deterioradas, rodeadas de basura y en algunos casos la pintura empieza a desprenderse. En el Paseo de la Salud, tenemos trabajos de José Cestero, Alberto Bass, Rotellini, Guillo Pérez, Ángel Haché, Elsa Núñez, Aquiles Azar, Cándido Bidó, Soucy de Pellerano y Tony Capellán, conjunto de mejor perspectiva y conservación que el anterior.
La falta de información respecto al proyecto y los artistas minimiza su impacto toda vez que para la mayoría de las personas que circulan por estas vías estos trabajos no pasan de ser una “decoración” más.
El parque de la Núñez de Cáceres
El último proyecto de arte público realizado en Santo Domingo se localiza en la recién inaugurada plaza de la avenida Núñez de Cáceres (2007), promocionado proyecto que transformó una antigua laguna contaminante en un atractivo parque de recreación para los vecinos del área. La escultura metálica “Agua fragmentada” de Nicolás Aracena, el conjunto escultórico “Purificación elemental” de Carlos Santos y el mural cerámico “Donde habita un manantial que trae vida” de Iris Pérez aportan un elemento artístico que se integra tanto al espacio de esparcimiento como a la visual de quienes circulan cada día por la Núñez de Cáceres.
Esperamos que así como de seguro existe una instancia encargada del mantenimiento de esta plaza y del saneamiento permanente de la laguna, se considere un acuerdo con personal capacitado o con los mismos autores, para el mantenimiento de estas obras de arte, que ya son parte del patrimonio artístico de nuestra ciudad.
Textos y fotos por Myrna Guerrero
*La autora es miembra de ADCA/AICA.