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Hace unos años, no tantos, los aficionados al arte debían viajar a los grandes museos para disfrutar de las obras de arte que custodiaban, así como de la presentación de las fantásticas colecciones atesoradas durante años, de los edificios históricos y de las ciudades donde estos se encontraban
Constituía un viaje iniciático en el que no sólo disfrutaban de las diferentes manifestaciones del Arte sino que descubría ciudades como Paris, Londres, Berlín, Madrid, Roma, o Florencia, entre tantas otras.
Sin embargo, hoy en día, son las obras de arte las que viajan por todo el mundo, permitiendo a un gran número de población acceder a ellas.
El cuidado de las obras de arte durante su exhibición en diferentes sedes exige adoptar de modo escrupuloso una serie de medidas cuyo objetivo no es otro que lograr la permanencia de la obra de arte el mayor tiempo posible en las mejores condiciones, a fin de ralentizar su lógico envejecimiento por el natural desgaste de los materiales que la constituyen y evitar accidentes que, en la mayoría de los casos, si se siguen determinadas pautas de actuación, pueden ser evitados.
Se trata de establecer una política de conservación preventiva que evite llegar a intervenir las obras, a restaurarlas si han sido dañadas.

Esta es la función que restaurador desarrolla dentro del equipo de profesionales que organiza la exhibición ya que una vez preparadas las obras en origen para ser presentadas en diferentes sedes, también debe realizar la asesoría técnica en todas las cuestiones relacionadas con las condiciones climáticas que puedan afectar a la obra de arte y las condiciones de manipulación y embalaje más adecuadas para garantizar la seguridad de las mismas.
Así, en primer lugar, resulta imprescindible conocer cuales son las causas que provocan el deterioro de estos materiales, establecer cuales son las condiciones optimas de conservación de los mismos y, una vez conocidas y aceptadas, controlar estos factores durante todo el tiempo que esta itinerancia se mantenga, tanto durante los periodos de exhibición como durante los procesos de embalaje, transporte, almacenaje e instalación de las obras en una nueva sede.
De modo general, puede determinarse que los principales factores de deterioro son los ambientales, entre los que se incluyen humedad, temperatura, iluminación, contaminación biológica o química, y los humanos, referidos a actuaciones relacionadas con la manipulación inadecuada, embalaje incorrecto, vandalismo, robo, etc.
Una de las características de los factores ambientales es que constituyen un microclima de seguridad que actúa de forma interrelacionada a modo de entorno que envuelve la obra de arte, protegiéndola si se respetan los niveles establecidos como adecuados.
Es importante tener en cuenta que la alteración de cualquiera de ellos afecta a todos los demás provocando una serie de reacciones que dañan a la obra de arte.
HUMEDAD
La humedad, tanto por exceso como por defecto, provoca daños irreparables en los objetos artísticos y es un catalizador que potencia otros factores de deterioro.
Un nivel de humedad elevada, por encima de un 70% HR, provoca fundamentalmente, daños mecánicos en forma de variaciones dimensionales en los objetos celulósicos y proteicos, que se manifiestan en deformaciones en maderas y soportes textiles y descohesión de los diferentes estratos que forman parte de la obra de arte (soporte-preparación-policromía-barniz) y daños fisico-químicos en tanto se produce una proliferación de microorganismos que descomponen con su acción todas las materias orgánicas que componen la obra de arte, ya que se alimentan de las mismas.
En los materiales de tipo celulósico, provocan no sólo la aparición de manchas por capilaridad, sino el corrimiento de tintas y pigmentos y la adherencia entre las hojas de papel satinado y entre las gelatinas de la superficie de las fotografias.
En los metales, provoca la oxidación de aquellos que contienen hierro o cobre, variando tanto su aspecto estético como su estabilidad estructural
En el caso de la piedra y la cerámica, presumiblemente inertes a la acción del agua y la humedad, provoca la formación de sales que migran hacia el exterior.
Si la humedad es baja, inferior a un 40 % HR, los daños son de tipo mecánico, en los que se separan las diferentes capas que componen la obra de arte por su diferente nivel de elasticidad y se deforman las maderas y papeles, produciéndose alabeos en los bastidores y ondulaciones en forma de abarquillamiento en los soportes celulósicos.
En relación a la humedad se deben mantener los siguientes niveles de seguridad para cada uno de los materiales que se enumeran a continuación.
Metales: 15-40 %
Maderas policromadas: 50-60 %HR
Cerámica y piedra: 20-60 % HR
Textiles: 50-60% HR en algodón y lino y 30-60% HR en seda y lana
Plásticos: 30-50 % HR
Papel: 40-60 % HR
Fotografías color: 25-35% HR
Además una oscilación diaria de cualquier nivel que supere un 5% HR, supuesto característico de aquellos museos que desconectan la climatización durante las horas de cierre al público atendiendo el confort de los visitantes y no la seguridad de las obras de arte en exhibición o almacenaje, resulta más perjudicial que mantener una humedad baja o elevada, una vez los objetos se han aclimatado a la misma.
TEMPERATURA
La temperatura es un factor que interactúa con la humedad potenciando sus efectos de modo exponencial, por ello debe mantenerse entre 18-22º C, con una oscilación diaria de 2 %. Sobre todo, resulta peligrosa en relación a la proliferación de mohos y microorganismos ya que una humedad relativa elevada, situada en torno a un 70% HR, combinada con una temperatura elevada, en torno a 25ºC, supone la creación de microclima semejante al tropical en el que se desarrollan con gran rapidez, nutriéndose de los materiales orgánicos que componen la obra de arte, a la que destruyen si no son controlados de inmediato. Estos dos factores, humedad y temperatura, exigen para su control disponer de un espacio cerrado y estanco, donde crear un clima artificial que se adecue a las necesidades de los materiales que componen la obra de arte tanto si van a encontrase expuestas como si van a ser almacenadas.
ILUMINACIÓN
La luz es necesaria para la visión de los objetos, sin embargo, el poder de degradación que ejerce sobre ciertos materiales hace necesario su control por encima de consideraciones estéticas que desdeñen los criterios de conservación.
El grado de deterioro ocasionado por la iluminación sobre un material dado depende de tres factores:
• La cantidad de luz que incide sobre el material
• La duración de su exposición a la luz
• El factor de deterioro dependiente de la composición espectral de la luz y de la naturaleza de la materia que compone el objeto.
Teniendo en cuenta que la luz es una parte de la radiación electromagnética que va acompañada de otras radiaciones no visibles, el control se puede efectuar sobre el nivel de iluminación, el tiempo de exposición y la composición de la radiación.
Como los efectos fotoquímicos son acumulativos, la intensidad de la luz y el tiempo de exposición se pueden relacionar inversamente de forma que cuanto mayor sea la iluminación menor ha de ser el tiempo de exposición y viceversa.
No hay que olvidar que las alteraciones producidas por la luz se relacionan directamente con otros factores tales como la humedad, la temperatura y la contaminación, produciendo cambios en la materia que constituye la obra de arte que provocan, básicamente, decoloración de pigmentos y lacas, amarilleamiento de aceites, blanqueo de barnices, perdida de elasticidad en aglutinantes de cola y caseína y materiales plásticos característicos del arte contemporáneo, que se contraen y vuelven quebradizos, cambio de cromatismo en los materiales plásticos, con tendencia al amarilleamiento.
La radiación visible (luz) comprendida entre los 400 nm y los 760 nm también lleva asociada energía que produce efectos fotoquímicos sobre ciertos materiales, aunque de manera irregular a lo largo del espectro de radiación, y que depende, asimismo, de otros factores como la humedad y la contaminación del aire.
Para tratar de minimizar este tipo de deterioro se han adoptado unos niveles de iluminación de referencia basados en estudios científicos que deben ser tenidos en cuenta para la exhibición de objetos y colecciones:
• Iluminación máxima de 50 lux para objetos especialmente vulnerables, como las acuarelas, pasteles, textiles, materiales teñidos, pigmentos animales o vegetales, grabados en color, dibujos, fotografías en color, pergaminos, colecciones de ciencias naturales, pintura al temple, gouaches, materiales habituales en arte contemporaneo, etc...
• Iluminación máxima de 150-200 lux para objetos de sensibilidad media, como grabados en b/n, fotografías y materiales de archivo, materiales orgánicos no pintados, policromías, pinturas al óleo y acrílicas, materiales pintados y lacados, marfil, maderas policromadas, etc...
• Iluminación máxima de 300 lux para objetos de baja sensibilidad como la cerámica, porcelana, vidrio, esmaltes, etc...
Existen ciertos objetos considerados insensibles a la iluminación, como los constituidos por piedra y metales que no sufren fotodegradación, aunque los efectos térmicos, ocasionados por la radiación IR y la acción de la radiación UV pueden afectarles.
Para disminuir el tiempo de exposición a la luz de objetos especialmente sensibles a la fotodegradación se pueden instalar dispositivos especiales en las vitrinas, como cortinillas o interruptores con apagado automático, de forma que sólo estén expuestos cuando vayan a ser observados por los visitantes. De la misma forma, en situación de almacenamiento, estos objetos han de estar expuestos a la mínima iluminación posible, aconsejandose su almacenaje en oscuridad.
En un espacio expositivo la luz natural puede utilizarse para iluminar de forma general y suave todo el recinto utilizando lucernarios y cristaleras amplias siempre que se encuentren dotados de filtro UV.
La luz artificial resulta más sencilla de controlar. Las empresas especializadas en iluminación disponen de variados artículos dotados de filtro UV y diferentes características aptas para realizar las necesidades de iluminación de cada espacio y colección facilitando la visión del espectador.
CONTAMINACION
La contaminación ambiental afecta a las obras de arte y hace necesario, como se ha señalado, utilizar un edificio estanco al exterior, en el que la calidad del aire sea filtrado de toda impureza del exterior evitando polución de combustión y partículas sólidas en suspensión que queden depositadas sobre las obras de arte almacenadas o expuestas, dañándolas.
El segundo factor de deterioro viene determinada por la acción humana, referida no sólo los actos vandálicos, sino los derivados de actuaciones incorrectas durante el embalaje e instalación de las obras en sala, así como su transporte.
Una de las figuras más relevantes en este sentido la constituye ell técnico que acompaña a las obras durante la itinerancia, quien recibe el nombre de correo, y se encuentra presente en las operaciones de apertura y cierre de las cajas de embalaje en las diferentes sedes, dando fe de que todas las obras llegan o salen en sus embalajes correspondiente en buen estado, así como que las salas de exhibición cumplen las indicaciones de estabilidad ambiental requeridas, la preceptiva limpieza de las salas se cumple y la manipulación e instalación de las obras en las mismas es correcta.
A la salida de las obras de la sede de origen, un restaurador realiza el informe del estado de conservación de las obras en el que queda descrito todas las indicaciones pertinentes relativas a la obra como objeto material. Para ello debe determinarse documentalmente tanto la estructura original y los componentes de la obra de arte como el alcance de sus eventuales deterioros, alteraciones y pérdidas. Esta información es acompañada de imágenes y gráficos que, a modo de mapa de daños, reflejan la información diagnosticada.
Asimismo, en la lista de embalaje (“packing list”) punteará el contenido de cada caja y el modo en el que cada obra llega embalada, guardando el material de embalaje, siempre poroso y suave para evitar condensaciones de humedad en el interior de la caja y fricciones sobre la capa pictórica.
Las obras de arte deben ser siempre manipuladas con guantes, evitando el contacto directo con la piel y el sudor de los operarios que pueden no sólo manchar de grasa y otro tipo de suciedad sino también llegar a oxidar superficies metálicas si el sudor resulta especialmente ácido. En este caso, las huellas digitales quedarían grabadas sobre la superficie metálica aún cuando fueran imperceptibles en un primer momento.
Siempre debe ser determinado el lugar en el que va a depositarse la obra de arte una vez ha sido desembalada, eliminando todo aumento del número de manipulaciones posible.
Las obras deben ser manipuladas con seguridad, atendiendo a su peso y a su formato, moviéndolas de una en una, lentamente, aún cuando su peso no sea excesivo, y con ayuda de otro operario si su formato o peso lo exige.
Al depositarlas, nunca deben apoyarse unas contra otras pues podrían quedar marcadas, ni estar en contacto directo con el suelo.
Las cajas de embalaje deben proteger las obras de arte durante su traslado. Pueden realizarse en metal o madera, esta deberá haber sido tratada contra posibles infestaciones biológicas y, en ambos casos, el interior deberá estar forrado con material estable e inerte que proteja de las eventuales vibraciones pero no oprima la obra de arte.
Existen diferentes tipo de cajas de embalaje. La actuación habitual es que se embale la pintura de una en una si su formato es grande, protegidas por material poroso y suave tipo “lambracel”, “celaire”, o papel de fibra de algodón.
En el caso de la obra realizada sobre soporte papel, sea dibujo, grabado o pintura, esta habrá sido enmarcada con material neutro, tipo cartón Canson calidad Museum, con protección anterior de cristal Mirogard, irrompible, antirreflejos y con filtro ante la radicación ultravioleta, o con plexiglás con filtro ultravioleta, material ligero e irrompible. Las cajas utilizadas para este tipo de obras son cajas con guias interiores en las cuales las obras se deslizan quedando perfectamente seguras en su interior.
En ocasiones, sobre todo tratándose de esculturas de gran formato y peso, es necesario disponer de sistemas mecánicos e hidraúlicos para moverlas, que siempre seran dirigidos por personal especializado.
La contratación de empresas especializadas en el transporte internacional de obras de arte constituye una garantia para asegurar el correcto desarrollo de las operaciones descritas ya que disponen de profesionales especializados en la manipulación de obras de arte.
El respeto de las indicaciones ofrecidas en relación al control de la humedad, temperatura, iluminación, contaminación ambiental así como de la correcta actuación de las empresas especializadas en relación a la manipulación, embalaje y transporte de las obras de arte, bajo la supervisión del técnico que se desplaza acompañando las exposiciones en las diferentes sedes de la itinerancia, permite garantizar que las obras de arte regresaran a su origen en perfecto estado.
Por Maite Martínez | fotos: Ricardo Rojas