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Agosto 21, 2008
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Mirada nacional
17.05.07

La mujer en el discurso Yoryiano

“Retrato de Luisa Recio Gimenes”
“Retrato de Luisa Recio Gimenes”, 1947. Óleo sobre tela. 56.4 x 46.2 cm.

Desde que la imagen visual devino del sentimiento mágico de los primeros habitantes de la tierra, y la creencia llevó a que las manos ejecutaran las primeras pinturas cavernarias, e igualmente las primigenias siluetas tridimensionales en la prehistoria, el tema de la mujer se convirtió en un dominio de escritura

Y lo fue, porque se entendió que en ella estaba el germen de la vida, interpretándose además que la tierra era como su matriz, reproductora de la cosecha agrícola. Tal creencia origina el mito de la diosa-madre, cuya representación en el período paleolítico es “La femmé ou renné”, fragmento de grabado donde la representación la define un cuerpo femenino yaciente y embarazado. Esta imagen tiene relación con la Venus de Lespupegue (marfil) y de Willendorf (piedra caliza), dos estatuillas con énfasis en las formas sexuales, también similares a la “Venus de Laussel”, un relieve sobre roca del neolítico, y que porta un cuerno de bisonte, tal vez como una ofrenda, ya que rito, magia y creencia se asociaron en la religiosidad mítica que antecede a la era cristiana.

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La mujer como diosa-madre, como ser mitológico, matrona, dama aristocrática, danzarina, cortesana, pecadora o santa virgen, fue calando una iconografía general que se extiende desde el período primitivo a las civilizaciones antiguas y medievales, hasta llegar a las edades modernas que comienzan desde el siglo XV, extendiéndose hasta el XX. Si la significación de la modernidad renacentista sitúa al sujeto humano como centro de un nuevo universo social, el hombre y la mujer son objeto de una representación que expresa las diferentes condiciones sociales, en conjugaciones idealistas y contrarias. Sobre todo a partir del siglo XIX, con el Romanticismo, el Realismo y el Impresionismo, la representación de los humildes (campesinos, obreros y marginados) son llevados al temario visual donde el femenino adquiere enfoques pertinentes con Delacroix, Daumier, Millet, Pizarro, Degas, Gauguin, Sorolla y otros. De cara a la realidad antillana los pintores dominicanos que asumen la Eva criolla y entre otros la personal mirada yoryiana.

“Negrita con paño rojo”
“Negrita con paño rojo”, sin fecha. Óleo sobre tela. 38.4 x 38.5 cm.

A lo largo de su producción pictórica que cubre cincuenta años, Yoryi Morel ofrece tres enfoques diferenciados sobre la mujer. El primero se relaciona a la familia, sin que la producción cubra una etapa concreta. La documentación de su exposición de 1932 refiere las siguientes presencias: “Mi prima Antonia” (óleo 1928), “Mi sobrinita” (óleo 1928) y “Tía Lola” (óleo 1929), representado este último en la muestra “Autonomía y trascendencia”, del Centro León. Se trata de un retrato de perfil que ofrece la exacta imagen de la parienta, conforme a fotografía conocida donde aparece ella junto al pintor.

No sabemos si Yoryi ejecutó un retrato de su adorada hermana Teté, como parte de un buen número de imágenes de la parentela, que incluyen a la madre y la esposa. El retrato de doña Teresa Tavres de Morel, fechado en 1932, realizado al carboncillo y apuntalado por sueltos trazos de pastel azul, ofrece una conmovedora captación filial, de un pintor que ama sus mujeres, entre ellas a Ilonka Zsabó, a quien convierte en su esposa, tal vez abandonando a su primera mujer, con quien procrea dos hijas. En la colección Ceballos Estrella se conservan retratos de doña Ilonka, desconociéndose si llegó a fijar en el lienzo a la concubina, e incluso a sus tres hijos, incluida Ilonkita Morel Zsabó. Una última imagen que citamos es la de la sobrina Teresita Morel, a quien el tío pintor caricaturiza de la misma manera que a varias amigas del vecindario de la calle Sánchez.

“Retrato de muchacha”
“Retrato de muchacha”, 1949. Óleo sobre tela. 41.4 x 36.2 cm.

Un segundo enfoque yoryiano, permite apreciar una serie de damas no parientes que se agrupan como mujeres de alta clase social, burguesas y foráneas, cuyos trazos, paleta y mirada artística denotan el ejecutante impresionado indistintamente por la belleza de las modelos. La majestad del retrato de Estela Henríquez de Lluberes (lápiz 1929) contrata con el de Delia Weber (tinta 1952) captada con ágiles y centrados trazos que cubren la ternura de quien era maternal artista y escritora bien conocida en el ambiente cultural. Estos dos retratos son de ejecución espontánea, tal vez porque se quedan en el dibujo, técnica que las distancias de retratos de Luisa Recio (óleo 1947) de Teresa Casado (óleo 1947), de Tania Boyrie (óleo 1963) y de otras jóvenes o señoras no identificadas, porque los retratos no ofrecen sus datos o porque hay un gran número desconocido, permaneciendo en recintos familiares y privados. Es lo que ocurre con el “Retrato de Kifa”, la esplendorosa bailarina que ofreció sus encantos femeninos a un hechizado visualizador, casi sorprendido por otros celos amorosos. Kira representa el retrato de una mujer foránea, resultando elocuente su sensualidad y la desnudez de un cuerpo cortado a la mitad por asunto de moral victoriana.

La tercera serie yoryiana sobre la mujer, ofrece los destellos del campo, del pueblo y la mulatería. Es una suerte de visión popular del ser femenino, sustraída en edades diferentes, enmarcada el conjunto en una resplandeciente realidad, e incluso idealizadas ellas. Y no hacemos referencia al desnudo clasicista de la “Mujer con antorcha” (óleo, s/f), de piel blanquísima y opuesta a la carne morena, más bien mulata, resultado de la mixtura de etnias. Es la antillana prietura a la que Vigil Díaz canta: Mi querida,/ que es una negra retinta, / dulce y armoniosa como el cuello de una cítara / de ébano, / con pulpa de coco en la sonrisa / y esencia de mandrágora en los dobleces, / me aguardó en la talanquera / para decirme: / “el cabrón ha muerto”.

“Retrato de Delia Webber”
“Retrato de Delia Webber”, c. 1950. Tinta sobre papel. 50.3 x 44.9 cm.

Los versos citados son del poema “Tímpano en la montaña”, considerándose que la “querida negra retinta” es un aludir metafórico a la patria donde poetas precedentes, contemporáneos y posteriores de Vigil Díaz le cantan a la prietura nativa, incluso vecina. Un estudio de la negritud en la poesía dominicana cita la sensualidad de Moreno Jiménez en la composición “Siesta” donde habla de una negra de los dientes blancos, a quien “le tiemblan cual uvas sus morados senos”. Voz visual de las imágenes poéticas y sobre todo de una mujer canela o carboncilla piel que es ser colectivo y unipresente en la realidad, Yoryi Morel no podía excluirse de tal presencia. Sensible; la señala y la reproduce de todas las maneras posibles. Una negra de perfil (dibujo 1933), del Museo Bellapart es un indicativo de repentina y sucesiva admisión de la población negra, pero sobre todo de la mujer.

En Yoryi Morel, se siente el hechizo inevitable hacia la mujer negra de bajo estrato y del comportamiento que tienen que ver con las vivenciales costumbres de su tiempo: las mujeres del río; las marchantas pregoneras de las ventas cotidianas; las campesinas, camino de la ciudad o de regreso a los bohíos; … En fin, la mujer entre la multitud y solitariamente. Esto último lo expresa una “negrita con paño rojo”, pintada posiblemente en la década de 1930, cuando la paleta cromática del pintor se clarifica inicialmente con la captación de la luz tropical. Otro ejemplo notable es el “Retrato de muchacha” (óleo 1949, donde el fulgor acentúa el rostro de una hermosa joven mulata de ojos oscuros almendrados y boca carnosa y pelo crespo recogido con lazo blanco sobre la nuca de un largo cuello. Mujeres reales, que existieron, ellas son el oponente a otras captadas imaginariamente como el semidesnudo del paño rojo de una negra de ojos verdes, así como las muchas estampas donde la mulatería femenina ofrece sus perfiles y sus labios de flor entreabierta, en una variedad que más que reiterada es casi infinita. En estas cartas sobre papel con guache o tinta, el pintor repite la tonada anónima que transcribió su hermano Tomás: Morena, morena e / la mujer mujer de mi ilusión, / morena é / i me robó el corazón (…) i vive co’ notro hombre (…) tiene la caine apretá (…) i aigo tuibia la mirá. (…) tiene lo’ sojo abipao (…) i ei corazón alocao…

Por Danilo de los Santos | Fotos: Catálogo Centro Léon

*El autor es historiador, artista y crítico de arte.

Comentarios:

Comentario de: Roberto Gall0l [Visitante] Email
como aficionado al arte y a LApintura en pRTICular me encanto el comentario sobre Yoryi Morel y su constante transito entre lo negro y lo burgues captando el sello antillanoen la mujer mas pinotres latinoamericanos y dominicanos debieran referirse a este y otros gigantes en la busqueda de una identidad cada vez mas elusiva que paradojicamente esta ahi frente as s us narices.
Permalink 26.07.07 @ 18:48

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